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Ian Lancaster Fleming, allá por la década del '50, finalmente puso en marcha su proyecto de escribir "la novela de espías que acabará con todas las novelas de espías". Esa simple novela (que después se volvió una saga) fue Casino Royale, que se vio en las librerías por primera vez un 13 de abril de 1953.

El protagonista de su novela, el agente secreto llamado James Bond, número 007, trabaja (como lo hizo su creador), para el Servicio Secreto de Su Majestad Británica. Sin embargo, es bien sabido que Fleming llamó a su creación tomando el nombre de un ornitólogo, autor de Birds of the West Indies. Ese hombre era estadounidense.

Así se presenta ante nosotros la primer influencia de los Estados Unidos a James Bond, influencia que luego se extendería con la adaptación de los éxitos literarios de Ian Fleming desde 1962 (si no contamos, previamente, el episodio del teleteatro Clímax basado en Casino Royale, donde Bond era norteamericano). Dr. No y los otros cinco films siguientes de James Bond -los cinco primeros protagonizados por Sean Connery y el sexto por George Lazenby- fueron producciones típicamente británicas, de la célebre productora inglesa United Artists, que ahora adueña Tom Cruise.

Los diamantes son eternos, que significó el simultáneo regreso y despedida de Sean Connery al rol de James Bond, y la entrada del agente 007 a la década del '70, fue el primer film de Bond que se puede considerar "americanizado". Por empezar, todas las chicas Bond del film (Jill St John, Lana Wood, Trina Parks y Donna Garrat) son estadounidenses, al igual que las locaciones, pertenecen a los Estados Unidos en su mayoría. Además, la trama gira en torno a un multimillonario norteamericano, Willard Whyte. Un hombre que, cual Howard Hughes, se mantiene encerrado en su hotel The Whyte House (en obvia referencia a la casa presidencial del gigante del norte). Pero la realidad es que el hombre está secuestrado por órdenes de Ernst
Sean Connery y Jill St John en Los diamantes son eternos.
Stavro Blofeld, el lider de SPECTRE, que ocupa su lugar mediante un imitador de la voz de Whyte que conecta a su teléfono, mientras acapara diamantes de conflicto para fabricar (usando las influencias del potentado) un satélite láser con el cual puede extorsionar a las potencias más importantes del mundo.
En Los diamantes son eternos, 007 interrumpe un ensayo espacial en una representación de los cráteres lunares.
Pero eso es lo de menos. Las escenas filmadas en las calles de Las Vegas, con policías del condado comportándose como los típicos oficiales de las series americanas al fracasar sus intentos de capturar a Bond y Tiffany Case o intentar copiar a Bond en sus acrobacias. El sabor norteamericano también se siente en el agente de la CIA Felix Leiter, quien antes fuera interpretado por unos
amistosos Jack Lord, Cec Linder o Rik Van Nutter, ahora se ha convertido en un mandón y autoritario Norman Burton, que más de una vez critica los hábitos de Bond. Y, hacia el final, Blofeld le dice a Bond que "su miserable isla (Inglaterra) ni siquiera fue amenazada..." y considera a Kansas y Washington DC como unas de las primeras ciudades para destruir con su láser. Es por esto que el séptimo film de James Bond fue uno de los primeros en que su trama gira en torno a los Estados Unidos.
A Los diamantes son eternos le siguió Vivir y dejar morir en 1973, con Roger Moore como protagonista. La novela que inspiró al film, así como la que inspiró al anterior, transcurría en tierras norteamericanas.
Siendo 1973 el año donde las "Panteras Negras" reclamaban sus derechos, el film se rodó en Nueva York, Louisiana y el Caribe, donde los actores negros interpretaban a enemigos (excepto Lon Satton y Roy Stewart). Lo cierto es que Vivir y dejar morir fue mucho menos "americana" que su antecesora. El objetivo de Bond en la historia en evitar que el Dr Kananga distribuya
En Nueva Orleans, Bond (Roger Moore) es amenazado por Adam (Tommy Lane), secuaz del Dr. Kananga (Yaphet Kotto), en Vivir y dejar Morir.
gratuitamente droga, lo que planea hacer bajo su fachada del líder pandillero Mr Big, evitando así manchar su imagen de primer mandatario de San Monique. La historia en sí no es norteamericana, más allá de la aparición del jazz en la banda sonora de George Martin y el ambiente a lo Starsky y Hutch, o los sheriffs sureños como el buen J.W. Pepper.

Los subsiguientes films de Roger Moore en el rol principal fueron bastante europeos dentro de todo, aunque Moonraker, que cerró la década del '70, se dejó influir por ideas de cineastas del otro lado del Atlántico, como George Lucas (la saga que inició con La Guerra de las Galaxias) o Steven Spielberg. El último tenía una ligera amistad con el productor Albert R Broccoli, que lo homenajeó en La espía que me amó (un personaje se llama Jaws, en homenaje al film Tiburón) y Moonraker (se puede oir la música de Encuentros cercanos del tercer tipo). La racha británica la rompió el film de 1985, En la mira de los asesinos.

007 huye del cuerpo policial de San Francisco en un vehículo de bomberos en En la mira de los asesinos.
La despedida de Roger Moore al rol de 007 recordó a Los diamantes son eternos en muchos aspectos: casi el ochenta por ciento del metraje transcurre en San Francisco, donde también se realizó la première del film. Asimismo, el Proyecto Main Strike, el plan del industrial Max Zorin, es volar por los aires la Falla de San Andrés para inundar Sillicon Valley, centro de producción de todos los microchips mundiales. Además de mostrar personajes sacados de series policiales de televisión estadounidenses (véase Bob Conley, el ayudante de Zorin; o W.G. Howe, alto funcionario del Ayuntamiento de la Ciudad), la protagonista femenina, Tanya Roberts, que trabajó en la serie de culto Los ángeles de Charlie, fue nacida en el Bronx.
Mención aparte merece la escena en la que Bond y Stacey (la geóloga que interpreta Roberts) son falsamente acusados de matar a Howe e incendiar el Ayuntamiento, y escapan en un vehículo de bomberos mientras un capitán de la policía que se autoapodó "Dick Tracy" los persigue junto a sus oficiales, sin dejar de cometer una estupidez tras otra en una escena típicamente ochentosa y norteamericana.

1987 fue el año en que Timothy Dalton protagonizó el decimoquinto film de 007, Su nombre es peligro. El film se basó en un relato de Ian Fleming como punto de partida una historia del tráfico de armas y opio que involucraba a la KGB y los Mujahadin afganos. Fue la segunda participación estelar de Dalton en la serie fílmica de Bond la que volvió a "americanizar" la serie.

Licencia para matar fue ambientada al estilo Miami Vice y Duro de matar, con la corrupción de la justicia y el dominio de los carteles de droga como trasfondo de una historia de venganza que involucra al propio James Bond. Carey Lowell, modelo norteamericana y futura esposa de Richard Gere, hizo las veces de Pam Bouvier, una agente de la CIA compañera de Felix Leiter, quien pierde una pierna cuando es salvajemente arrojado a los tiburones por Franz Sánchez, desencadenando los deseos de venganza de 007.
En la historia que escribieron Michael G Wilson y Richard Maibaum, el plan de venganza de James Bond intenta ser impedido, además de por el MI6, por los colegas de Leiter en la DEA, los agentes Fallon, Hawkins, Mullins, y por los agentes anti-narcóticos de Hong Kong, Loti y Kwang. La participación de la DEA era muy popular en los policiales americanos
Bond asiste a Felix Leiter a impedir el escape de Franz Sánchez en Licencia para matar.
de la época, así como la participación de Robert Davi, que en el film interpreta a Sánchez.

Licencia para matar mustra por primera vez en Bond las relaciones entre Estados Unidos y los países latinoamericanos. Tal es así que Sánchez tiene como marioneta a Héctor López, el presidente de Ithsmus City (país ficticio con aires a México, Colombia y Panamá) que interpreta el mexicano Pedro Armendáriz hijo, y es este film una de las primeras participaciones de Benicio del Toro, el actor de 21 gramos y Che, el argentino, como Darío. Otros actores americanos en el film, con roles también típicamente americanos, fueron Everett McGill como Ed Killifer y Anthony Zerbe, coestrella de Papillon, como Milton Krest. Licencia para matar corre en ventaja respecto a los previos Bond films "made in America" por tener una trama interesante repleta de acción e inteligencia.

Con la hábil dirección de Martin Campbell, GoldenEye supuso el debut de Pierce Brosnan como James Bond en 1995, seis años después de Licencia para matar. Brosnan siguió como 007 en El Mañana nunca muere (1997), El mundo no basta (1999) y Otro día para morir (2002). Los dos primeros mantienen el sabor europeo que caraterizó los films de James Bond. Fue el film que Lee Tamahori dirigió en 2002 el que, si bien no es tan influenciado por el Tío Sam como las despedidas de Sean Connery y Roger Moore, permite que el enemigo sea Corea del Norte, que haya una "James Bond femenina" (las comillas son mucho más que apropiadas) de la NSA que interpretó Halle Berry, y por supuesto, el jefe de ésta, Falco (interpretado por Michael Madsen), que se cree con la autoridad suficiente como para criticar a M por el accionar de Bond.

 

Izquierda: Demian Falco, jefe de la NSA, y M, directora del MI6, supervisan a sus agentes James Bond y Jinx (arriba) en el búnker de Corea del Sur.

El inicio de Daniel Craig en el rol de James Bond fue también el regreso del genial Martin Campbell a la silla de director (silla que jamás debería abandonar). Casino Royale se filmó en Praga, Karlovy Vary, Venecia, Inglaterra, y las Bahamas. El terrorismo islámico que tanto había hecho fastidiar y acongojar al ex presidente George W Bush y los más acérrimos patriotas norteamericanos el 11 de septiembre de 2001 influyó en la producción de 2006 en que Le Chiffre, el tesorero de la Unión Soviética que Ian Fleming escribiera en 1953, se había vuelto un banquero internacional del terrorismo, planeando, entre otras cosas, atentados a aviones Skyfleet en el aeropuerto de Miami para mejorar sus finanzas en la bolsa. El guión del film que escribieron el dúo Neal Purvis y Robert Wade, junto a Paul Haggis, también mencionaba el sitio web de la CNN, cosa que no se habrá llevado a la pantalla quizá por desición de Martin Campbell, que sabiamente tomó la producción británica The Ipcress File como referencia para el espectacular inicio del film.

Marc Forster, el director de Quantum of Solace, no supo hacer lo mismo. Su dirección es errónea y el film número veintiuno de la saga es, en el aspecto técnico, un fracaso. Otra vez, los Estados Unidos vuelven a hacer presencia sobre los británicos. La corrupción del país se muestra y, como en Otro día para morir, el Ministro del Interior británico que Tim Piggot-Smith interpreta está visiblemente enfadado
Gregory Beam y su agente Felix Leiter custodian a Dominic Greene.
por el comportamiento de 007 y la mala imagen que un "peligro" como 007 representa para "los primos". Así también, el actor David Harbour presenta a un arrogante Gregory Beam, el corrupto jefe de Felix Leiter, cuya superación personal recuerda a la de Falco.

No es cómodo para mucha gente en las últimas décadas ver como las producciones inglesas de culto son pintadas con los colores de la bandera estadounidense (véase Los Vengadores, o La pantera rosa). Tampoco lo es verlo en James Bond. "Por Inglaterra, James".

Nicolás Suszczyk