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Por NICOLÁS SUSZCZYK

Nota del Autor: La idea de este artículo surgió cuando Patricio, un amigo mío, comentaba que en Casino Royale, el James Bond de Daniel Craig disfrutaba en un principio de su misión (por ser ascendido a 00, jugar al póker con dinero de la Tesorería, etc.), pero luego se daba cuenta de las responsabilidades y pesares que su código 007 le acarreaba. Instantáneamente, relacioné estas vivencias del Comandante Bond con la adolescencia, la estapa que estoy dejando.

N.S.

La adolescencia es probablemente la etapa más dificil del ser humano: uno deja de ser niño, para ser algo que tampoco es ser adulto. Está "grande" para unas cosas y "chico" para otras, y, la escencia de esta etapa es el hecho de probar experiencias nuevas en las que se abandonan los juegos de la niñez y comienzan las pequeñas jugadas de la vida adulta.

James Bond es un personaje que fue seguido desde se aparición en el cine desde 1962 por, al menos, más de un tercio de la población mundial... hay fanáticos desde Inglaterra hasta Argentina, desde China hasta Francia, Alemania, y España, así como los hay hasta en los rincones más oscuros de la Tierra. Esta gente se inició con un machista e irónico Sean Connery, sucedido por un fugaz George Lazenby, al que le siguió el simpático Roger Moore, que luego fue redefinido en un frío Timothy Dalton, generando una sumatoria que termina siendo igual a un soberbio Pierce Brosnan. Daniel Craig fue alguien diferente.

El 2006 se nos presentó Casino Royale, basada, como es bien sabido, en la primera novela de Ian Fleming. Es así que los productores Michael G Wilson y Barbara Broccoli apostaron fuerte y quisieron mostrar el inicio de James Bond, comenzando la historia de su vida in media res desde que consigue el código 00 que lo habilita a matar.

Al igual que hizo Miguel de Cervantes Saavedra con su Don Quijote de la Mancha, Wilson y Broccoli, junto con los guionistas Neal Purvis, Robert Wade y Paul Haggis no cuentan "el inicio" de Bond desde que nace hasta que se convierte en espía, algo que, sin duda alguna, no interesará al público. James Bond "nace" al convertirse en agente 007, o mejor dicho, ser un doble cero es su entrada a la adolescencia. Su dossier (disponible en el sitio oficial, www.007.com) nos habla de sus entrenamientos: sus hablidades con las armas, en el comate cuerpo a cuerpo, pruebas de resistencia al dolor y operativos poco importantes. Cuando (como vemos al inicio de Casino Royale) cumple la misión de liquidar a Dryden y Fisher, traidores al Servicio Secreto de Su Majestad, comienza para el un camino a seguir que puede relacionarse con la adolescencia. Tener que matar es, para Bond, la madurez, el brusco cambio que lo integrará en una vida de mayor responsabilidad. Su trabajo ya no es "un juego de niños".

 

Bond elimina a Dryden, consiguiendo su código 00. En la Embajada de Nambutu, Bond toma de rehén a Mollaka.

Sigamos repasando este film: Bond, ahora 007, está en Madagascar con el agente Carter, "un niño" (alguien que no es un 00) que comete el garrafal error de dar a conocer su identidad accidentalmente, al tocarse la oreja donde se hallaba el auricular por el cual se comunicaba con Bond. Los dos vigilaban a Mollaka, un terrorista, a quien deben capturar e interrogar, pero no matar. 007 persigue al terrorista (mientras Carter se pierde por ahí) hasta la Embajada de Nambutu, donde las reglas de relaciones internacionales aseguran protección al nativo del país que representa el edificio. Pero los adolescentes viven sin reglas, y Bond no será la excepción: irrumpe en la embajada, agrede a la gente de seguridad... y, al verse rodeado por tropas, mata a Mollaka y huye. Otro acto adolescente: la presión que Bond sentía lo hace actuar de manera desesperada y desobedecer una orden directa, razón por la que M tendrá problemas en el parlamento.

M es la jefa del MI6, el Servicio Secreto Británico, representaría "la madre" de James Bond. No en vano, Ian Fleming llamaba así a su madre en ocasiones. Como toda madre, defenderá la actitud de su hijo: "¿Has visto alguna vez un crisol de moralistas protegedores de trastes? No les importa lo que hacemos, sino lo que ven en las fotografías" -dice M a su asistente para respaldar a su agente, aunque luego lo criticará: "Le doy el status 00 y lo celebra armando un tiroteo en una embajada (...) ¡Cómo extraño la Guerra Fría!". Naturalmente, en la época de la Guerra Fría, Bond (este Bond) era un niño, irresponsable de sus actos ¿Sabrá M que ahora su hijo se vuelve rebelde? ¿Acaso extraña cuando éste no suponía un "peligro" para la sociedad?

El siguiente dialogo es entre Bond y M, y es muy interesante. Su jefa/"madre" lo descubre investigando su computadora para rastrear un chip del celular que pertenecía a Mollaka. "Sabía que era pronto para promoverte", le dirá, "Necesito confiar en tí, y que tú sepas en quien confiar". Es notable el trato maternalista de M en esta escena, en la que subestima a su "hijo" Bond, posiblemente para provocar una reacción en él. La reacción del agente será seguir el rastro de quien envió un mensaje al celular investigado, que habita en Bahamas. Silenciosamente, M apreciará la acción de Bond.

El siguiente escenario donde se traslada la acción es la soleada Nassau, donde 007 entrará "por primera vez" a un casino. Allí destroza en una mano de póker al sanguinario Dimitros (que envió el mensaje a Mollaka) y se acuesta con su mujer Solange. Sin embargo, la historia entre ambos no pasa de besos con poco romance. Entre James Bond y Solange, la relación es puramente un atractivo físico que el agente disfruta, pero está más preocupado por conseguir información sobre Dimitrios. El punto de comparación entre la relación Bond/Solange y la adolescencia consiste en que no llega a haber sexo entre ambos (al menos no hay indicios): Bond besa, pero no hace el amor todavía, igual que un adolescente, que, por lo general, primero descubre el placer de la seducción de los besos y caricias antes del sexo.

James Bond llega a Nassau Bond y Solange en el Aston Martin DB5

Bond persigue a Dimitrios a Miami, donde lo vence en un enfrentamiento, y luego evita un atentado en el aeropuerto, aunque el arrestado será Bond y no el terrorista que llevaba a cabo la tarea (más allá de que luego Bond logre eliminarlo). Nuevamente, "mamá M" ayudará a Bond y lo sacará a Bond de la cárcel. El espía se encuentra con su jefa en la casa de Dimitrios, allanada por el MI6, donde Solange se halla muerta. ¿Debería él sentirse culpable? No, el no se considera, o posiblemente lo haga, pero decide dejar de lado ese sentimiento tan autodestructivo del ser humano para embarcarse en su nueva misión, no sin antes inyectarle un chip rastreador en el brazo: las madres quieren saber la localización exacta de sus hijos, más cuando son adolescentes y viven una vida de más riesgo que en la infancia. "Sabía que tú eras tú", le dice M a James, demostrándole que lo conoce como si fuera su madre (valga la redundancia). y lo envía a una misión a Montenegro a hacer una cosa de adolescentes: ganar un torneo de póker en el que participa Le Chiffre, un banquero de los terroristas más grandes del mundo.

En un viaje en tren, a Bond se le cruzará una mujer importante. No un "metejón" como Solange, sino una mujer desafiante, competitiva y segura de sí misma: Vesper Lynd, oficial de la Tesorería de Su Majestad, que financia a Bond para el juego. Ambos deben hacerse pasar por novios, algo bastante dificil para James, dado ciertas hostilidades de Vesper, que lo llamará "bastardo de corazón frío", pero no en un tono agresivo, sino de manera sarcástica y falsa

Mientras Vesper lo tilda de engreído por revelar su identidad en vez de ocultarse en su fachada, él recibirá un regalo de M: Nada más ni nada menos que un Aston Martin DBS 2006. "Yo también te amo, M", dirá para sí Bond en agradecimiento a su "madre": No es para menos... un ascenso, un viaje a un país exótico, dinero para jugar al póker, auto último modelo. ¿Cómo no puede Bond sentir felicidad por ser un 00? ¿Cómo no puede un adolescente estar alegre de recibir cosas que no podía recibir cuando niño?

La noche del torneo de póker llega, y se lleva a cabo en el lujoso Casino Royale. Le Chiffre saluda al agente: "Bienvenido Sr. Beech... ¿o es Bond?, estoy confundido" - le dirá, mientras le estrecha la mano y le recuerda con el parlamento previamente citado, que él ya conoce a Bond y sus pretensiones: un saludo que oculta una silenciosa amenaza.

La partida comienza, y la tensión causada por el juego llevará a Bond a probar emociones fuertes, como pedir una bebida alcóholica fuerte, un Vodka Martini con una receta especial. Vesper, mientras tanto, lo besa en el cuello, y 007, más tarde, se acercará a besarla en la boca. "¿Nos están mirando?", le pregunta Bond a su contacto Mathis. Parece ser que Bond pretende que lo vean con aquella mujer para mantener su fachada... o tal vez para lucir su bella mujer, otra fantasía adolescente.

No es mucho después cuando, en un intervalo entre las manos de póker, James Bond decide seguir a Le Chiffre a su hotel, que pasa un mal momento cuando un cliente suyo, Obanno, lo amenaza junto a su guardaespaldas para reclamar su dinero. Esta situación acabará con Bond encarando un brutaly agotador combate contra Obanno en las escaleras del lugar, con Vesper corriendo de un lugar a otro sin saber que hacer, hasta que finalmente desarmará a Obanno, provocando que Bond lo mate. Mientras ella huye aterrorizada a su cuarto, un ensangentado Bond si limpia las heridas y contempla su rostro, whisky de por medio. Ser 00, ser adolescente, no es algo tan facil, y tiene su parte dura. La frase que después le dirá Le Chiffre a Bond demostrará esto: "Espero que este jueguito no le haga traspirar", mientras Bond le responde "Un poco, pero no me preocuparé mientras no llore sangre"... típicas provocaciones de jóvenes (007 provoca a su adversario sobre su problema físico: una alteración en el lagrimal que le hace llorar sangre)

James Bond en el Casino Royale Vesper Lynd

Poco después llega una escena muy importante: Bond, el adolescente, comportándose como un caballero y dejando floorecer su lado romántico. Vesper, vestida, llora preocupada bajo la fría ducha de su baño tras ser testigo (y cómplica) de un asesinato. Bond, mientras se desanuda su moño, se mete bajo la ducha, calienta el agua y abraza a Vesper. Al día siguiente, Mathis preguntará a Bond: "¿Nuestra chica a logrado derretir tu corazón de hielo?". El 00 novato no contesta. Indudablemente ejemplificación de la frase "el que calla, otorga".

Otro día del torneo continúa. Le Chiffre y Bond aumentan insaciablemente las apuestas, hasta que Le Chiffre (fingiendo un bluff, es decir, un gesto engañoso de preocupación) apuesta todo y Bond iguala. Las cuatro sotas del terrorista superan el full house del espía. Bond ha perdido todo, por lo que acude a la ayuda de Vesper para pedirle más fondos. Ella se niega: "Perdiste por tu ego, y por ese mismo ego no puedes aceptar tu derrota. Ahora lo único que harás es perder más". James Bond se siente poderso: su jefa, su "madre" le ha dicho que es "el mejor jugador de póker en el Servicio" y una simple mujer no va a contradecir la idolatración de M: La opinión (y la confianza) de una madre vale más para 007 que lo que Vesper diga. Bond se enoja y quiere acabar con todo, cueste lo que cueste... planea apuñalar a Le Chiffre, como cuando un adolescente se harta de vivir la adolescencia, pero es Felix Leiter, agente de la CIA participante del torneo, quien lo detiene de hacer semejante estupidez: Leiter, desesperanzado en el azar, financia a Bond. Un amigo lo ha salvado de un problema, un amigo le impidió fallar la misión.

La suerte está del lado de Bond, por lo que un desesperado Le Chiffre le envenena la bebida. El agente siente como su corazón comenza a funcionar mal, y puede sentir que el final se acerca. Desesperadamente abandona la mesa de juego y se dirige a su auto, donde se contacta con el MI6 y su personal médico, que le indican como utilizar un desfribilador para efectuarse un electroshock y así recuperarse de un paro cardíaco. En esta escena se vuelve a repetir la preocupación de M por Bond: él no es un soldado más, puesto que cuando su asistente Villiers le informa del envenenamiento del espía, ella irá desesperada a comunicarse con él. Bond, mientras tanto, sigue las indicaciones al pie de la letra, pero algo le impide presionar el botón para efectuar la descarga eléctrica. Se olvidó de conectar un cable. James Bond se entrega a su destino mientras su corazón se desacelera con frecuencia. Vesper, sin embargo, conecta el cable, oprime el botón, y devuelve a Bond a la vida.

Finalmente, en un juego donde se juega mucho más que una cifra multimillonaria, Bond vence a Le Chiffre con la segunda combinación más alta existente en el póker, y, acto seguido, invita a Vesper a cenar. La cena entre ambos es muy importante, equivalente a una "primera cita". "Voy a llamarlo 'Vesper'" -comenta Bond en referencia a su trago. "¿Es por el sabor amargo en la boca?, responde ella, provocadora. "No, porque una vez que lo pruebas, no quieres tomar nada más", es la respuesta de James que ella considerará "un buen piropo". Pero es mucho más que eso. Es una encubierta declaración de amor, o por lo menos, de "idealización": Bond le recuerda a Vesper que ella no es "una simple chica", le instala en la mente la posibilidad de que cuando la "pruebe" sea posible que no quiera probar "a nadie más". El simple hecho de llamar a su bebida con el nombre de Vesper es darle una señal de importancia. ¿No se preguntaron por qué no llamó 'Solange' a su bebida?. Bond comienza a enamorarse.

Poco después, 007 descubre en ella un "nudo del amor" argelino. "Es un hombre muy afortunado", dice del aparente novio de Vesper, demostrando cierta desazón en su mirada. ¿El novio de Vesper es afortunado por tener a su lado una mujer despapmanante? ¿O por tener algo más que "una cara bonita" como chica? Parece ser, como sosteníamos en el párrafo anterior, que James deja de ver el exterior de ella y comienza a adentrarse en su belleza interior. Ella también quiere adentrarse en la vida personal de Bond. Menuda tarea, ingresar en el corazón de un frío agente secreto... o mejor dicho, ingresar en el interior del agente para ver si posee corazón. Le pregunta si no le molesta matar "esa" gente (se sabe, los que lo atacaron en la escalera). "No sería bueno en mi trabajo si me afectara", se juustifica él. "El hecho de hacer algo... no quiere decir que lo sigas haciendo". Con esto, ella lo "incita" a renunciar y vivir una vida "normal", posiblemente ignorando que la normalidad para Bond es su mundo de armas, violencia y anonimato.

Un mensaje de texto de Mathis interrumpe la velada. "Buenas noches, y felicitaciones nuevamente", dice ella con frialdad, mientras se aproxima a la puerta. Pero Bond descubre el engaño, y corre desesperadamente a perseguir a los secuestradores de Vesper, obviamente gente de Le Chiffre. El Aston Martin DBS atraviesa la ruta como una locomotora, pero un volantazo del agente al ver a Vesper atada en medio de la ruta lo hace chocar. "Me parece que tu amigo Mathis es en relaidad... 'mi' amigo Mathis" -provocará Le Chiffre mientras sus esbirros le sacan el chip rastreador. Es hora de pagar el precio de la "adolescencia" que tanto disfrutaba Bond.

Bond y Vesper son llevados al barco de Le Chiffre. Ella es encerrada en un camarote, y la oímos gritar. No se sabe si la torturan o no -aunque en el guión especifican que lo hacen, en el film no hay indicios, y es bien sabido que en el cine lo que no se ve (o no se connota) no existe-. "El hombre se hace a los golpes". Esta frase la escuchamos varias veces, pero este atemorizado 007 "adolescente" las vive en carne propia: es azotado con una soga en sus genitales por Le Chiffre para que revele la clave de la cuenta bancaria donde será depositado el dinero que ganó Bond en el torneo. El banquero de terrorismo vulnera la parte más debil de un hombre, una tortura que va mucho más allá de lo físico, llegando a lo psicológico. Pero el torturado usa su más maravillosa arma, el humor: "Tengo comezon ahí abajo. ¿Me harías el favor?", dice Bond mientras Le Chiffre vuelve a golpearlo, y 007 le pide que lo golpee "más a la derecha". "El mundo entero sabrá que te moriste rascándome las bolas"- comenta James entre risas. A Le Chiffre se le instala la preocupación en el cerebro: "¿Voy a morir?". "Hagas lo que hagas, no te daré la contraseña, por lo que tus clientes te atraparán y te descuartizarán vivo. Y usted no tendrá donde esconderse", le recuerda Bond, haciéndole sentir la ineficacia de su "tratamiento" y preocupándolo más.

"Te equivocas, porque incluso aunque te destroze a tí y a tu novia, tu gente me recibirá, porque necesitan lo que yo sé", responde Le Chiffre, mientras los gritos de Vesper se oyen. "Bond, hazlo pronto y la dejaré con vida", continúa el torturador, vulnerando otra parte de Bond: sus sentimientos. Otro dato que respalda nuestra hipótesis, dos cosas que florecen en la adolescencia son la sexualidad y los sentimientos afectivos, puntos débiles de Bond que este sádico Le Chiffre afectará. Pero, por desgracia para el villano, para Bond es más importante su lealtad por Inglaterra que su sexualidad y sus sentimiento, por lo que aún se niega a darle la contraseña de su cuenta bancaria. Le Chiffre se harta y saca su navaja: "Te alimentaré con lo que no pareces valorar". Mientras da inicio a la mutilación del órgano sexual de 007, dos disparos interrumpen su tarea. El Sr. White, integrante de la organización a la que pertenece Le Chiffre, lo amenaza con un revólver. "El dinero no es tan importante en la organización como saber en quién confiar", le dice antes de apretar el gatillo y quitarle la vida. Bond, luego de soportar una horrenda tortura, se desmaya. Ha hecho algo más que aguantar el sufrimiento... lo ha enfrentado con humor.

James Bond convalece en una clínica en Venecia, rodeado por Vesper y Mathis. Habrán sido unos días después, con Bond en silla de ruedas, cuando Mathis le preguntará detalles sobre la muerte de Le Chiffre. James recuerda el comentario del banquero y su aparente relación con Mathis, por lo que 007 no habla y lo manda a arrestar. Parece ser que nuestro adolescente recordó el consejo de su madre: "Tengo que confiar en tí... y en la gente que tú confías". Mathis no parece ser una persona de confianza de Bond.

Enamoramiento entre Bond y Vesper. Enamoramiento entre Bond y Vesper. Enamoramiento entre Bond y Vesper.

Mientras una leve brisa agita los árboles en el sanatorio donde se recupera Bond, el espía despertará con Vesper ante sus ojos, sentada en su falda. "Puedes tenerme como sea", le susurra ella en el oído, por lo que él dirá: "Hace poco hubiera descrito tus sentimientos hacia mí como... una palabra no tan fuerte como 'odio'". "Me temo que soy una mujer complicada", admite Vesper. "Del odio al amor, hay un sólo paso". Ciertamente, en la adolescencia uno pasa por cualquier cantidad de amoríos que normalmente se inician a través de un rechazo hacia la otra persona: Vesper veía a James como un arrogante y descorazonado bastardo, pero ahora descubre que es humano, que sufrió (al igual que ella) por su lealtad a la causa. El sentimiento afectivo de James por Vesper, al que ella respondió con frialdad (recordemos la cena después del torneo), comienza a adquirir reciprocidad. "Te estás entibiando", le dirá también Bond.

El señor Mendel, representante del banco Basel en Suiza, interrumpe a la pareja para iniciar la transferencia de fondos. Bond le pide a Vesper que introduzca la contraseña. La contraseña es... "Vesper", llenando sus ojos de lágrimas mientras ella la introduce. Mientras Mendel se va, dando a lugar el inicio del romance entre Vesper Lynd y James Bond: "Sabes James... si todo lo que quedara de tí fuera tu sonrisa y tu meñique, aún así serías más hombre que cualquiera de los que he conocido". Vesper eleva a Bond al mismo altar al que él la ha elevado a ella: sabíamos que para Bond, Vesper es una mujer importante. Ahora, para ella, Bond también es importante, cosa que connotará en su declaración: cuando ella le pregunta si le permitirá "entrar" (a sus sentimientos) o si aún tiene "la armadura puesta", él, desde las profundidades más profundas de su corazón, sin pensarlo, hará una de las declaraciones amorosas más importantes que se pueden hacer (por lo menos para un solitario agente secreto): "No tengo armadura. Me la arrancaste. Lo que queda de mí... y lo que sea que soy... soy todo tuyo". Ella lo besa, y no es para menos que a nuestro espía "adolescente" le llegue el momento de amar y ser amado.

En una radiante playa, Bond y Vesper toman sol, dándole al espectador un vistazo más del noviazgoe entre Bond y Vesper. Él hablará de la traición de Mathis: "Creí que me estaba protegiendo. Pero ya aprendí esa lección". El tema que se vuelve a tratar en este parlamento es la confianza de Bond hacia sus colegas, aunque Mathis podría ser alguien más que un "colega", sin llegar a ser un familiar, sería una especie de tutor de Bond (recordemos que Bond cree que él lo "estaba protegiendo"). "¿Todos tenemos gestos que nos delatan?", pregunta Vesper refiriéndose a los conocimientos de Bond sobre el póker. "Todos, menos tú", responderá. Realmente, las reacciones del amor en la adolescencia son tan impredecibles como Vesper.

James le admite que el enigma que encierra la impredecible Vesper son el motivo por el cual él la ama. Y la ama "Lo suficiente para viajar hasta conseguir un trabajo honesto", aunque claro, le aclarará que él no sabe lo que es un "trabajo honesto": logicamente, a los espías les cuesta adentrarse en la sociedad, puesto que siempre que lo hacen es con un nombre o historia falsa. Es importante ahora, cuando Bond dice: "Me voy con lo poco que tengo", traicionando al lema de su familia, "El mundo no basta".

Lo que continúa es un paseo por los canales venecianos, mentras James enviará un email a M presentando su renuncia "con efecto inmediato". Finalmente, 007 ha decidido iniciar una vida nueva al lado de Vesper. Más tarde, en su habitación del hotel, Bond tiene su "primer" relación sexual, con la mujer que ama. Una relación muy apasionada. El agente más tarde notará que ella dejó de usar el nudo de amor argelino: "¿Es hora de olvidar a alguien?", interroga él. "No, es para darme cuenta de que el pasado a veces puede ser olvidado". Bond y Vesper, erróneamente, creen que pueden dejar de lado su pasado: él, su vida como agente secreto al Servicio Secreto de Su Majestad; ella, si historia con el hombre que le regaló el collar.

 

Bond persigue a Vesper y Gettler Despedida bajo el canal. Muerte de Vesper

 

Cuando Vesper va al banco a transferir el dinero a Londres, James ve que ella dejó su celular. Mientras se dispone a leer el mensaje de texto que le fue enviado, Bond recibe en su celular un llamado de M. "Hay un hombre de la tesorería preguntando si depositarás tus ganancias". Él se pregunta por qué no llegaron, mientras en su mente se instala la peor posibilidad... la traición de Vesper.

Mendel le comunica a Bond que los fondos se están retirando en ese preciso momento en una sucursal en la Plaza San Marcos, mientras en el mensaje del celular de su novia se lee "Espérame en media hora", y está a nombre de alguien llamado Gettler. Un acelerado Bond irrumpe entre varias multitudes de turistas hasta que observa a Vesper entregándole el dinero a Gettler y su guardaespaldas en un pasadizo. Bond es descubierto, mientras Gettler amenaza con matar a Vesper. "Permítemelo a mí", dice Bond, obnubilado por la traición del ser que amaba.

La acción se traslada ahora a un edificio en constucción, flotando en el Gran Canal. Vesper está encerrada en un ascensor, mientras Bond lucha valerosamente contra Gettler y su gente. Luego de vencerlos, mientras el edificio se hunde en el mar a causa de los impactos de bala que deterioraron los cimientos, Bond corre para rescatar a Vesper. "Lo siento, James", le dice ella, entre lágrimas, cerrando con llave la puerta del ascensor que se hunde en las turbias aguas. Desesperadamente, Bond se sumerge y llega al ascensor. A toda costa quiere abrir la puerta, pero ella, acongojada, le besa la mano, se aleja de su salvador y deja que el agua le entre en el cuerpo. No es mucho después cuando muere. Una vez en la superficie, ningún ejercicio de resucitación funciona. Es demasiado tarde. Un golpe duro, quizá más duros de los que Le Chiffre le ha dado, afecta a Bond, que sostiene en sus brazos el cuerpo de la mujer con la que había soñado una vida nueva.

"Su novio era franco-argelino", le dice M a Bond, mientras él habla con ella por teléfono desde el barco. El novio de Vesper había sido secuestrado por la organización de Le Chiffre, y ella fue chantajeada para cooperar. "Nos enfocamos tanto en nuestros enemigos, que olvidamos vigilar a los amigos", aconsejará M. Ciertamente, el caso de Mathis y Vesper ejemplifica esta frase. "¿Cómo estás?", le pregunta M a Bond, ubicándose nuevamente en el lugar de "madre" (se interesa por la situación de su "hijo"). Cuando él le dice que Vesper dejó el celular, M repite su frase anterior "ella sabía que tú eras tú". ¿M cree que las novias y las madres son las que mejor conocen a un determinado hombre?. También le dice a Bond que la traición de Vesper excupla a Mathis. "Probamos que ella es culpable, no que es inocente. Siganlo Interrogando", responde James Bond, tajante, y le dirá a su jefa/"madre" (en esta escena M es más madre que nunca) que no confía en nadie: "Aprendiste tu lección", le contestará. "El trabajo está hecho, y la p**a está mueta", dice él, mientras ambos llegan a la conclusión de que Vesper traicionó a Bond para salvarle la vida y que dejen de perseguirlo (por eso no los mataron ni a él ni a Vesper cuando murieron Le Chiffre y sus esbirros). Desesperanzado porque no quedaron pistas que conduzcan a la organización. "Nunca sabremos quén está detrás de esto. Se enfrió el rastro", le dice M. Él corta la llamada y se dispone a revisar el celular de Vesper. Un mensaje, con datos sobre el Sr. White. A Vesper le ha llegado su catársis, se ha redimido. Podemos decir que siempre amó a Bond: la traición fue para salvarlo, y ahora le deja los datos de alguien importante de la desconocida organización. En toda esta escena se demuestra la típica vacilación de la adolescencia, una etapa donde uno no tiene las cosas con claridad, al igual que Bond en esta escena: no sabe si recordar a Vesper con odio (por la traición) o amor (los momentos románticos vividos). Sin embargo, en esta etapa las madres están para ayudarnos, y M no parece ser la excepción.

 

 

En una lujosa casa medieval a orillas del Lago Como, en Italia, James Bond intercepta al Sr. White (poseedor del dinero del casino), lo hiere en la pierna, y se presenta, con un aire de superioridad. "Mi nombre es Bond... James Bond".

Quantum of Solace continúa las aventuras de James Bond en Casino Royale. Interrogando al Sr. White, Bond y M descubren que la organización, llamada Quantum, posee agentes en todas partes. Bond se ve envuelto en un nuevo desafío, mientras investiga al Dominic Greene, agente de Quantum oculto tras su fachada de venerable ecologista, su cólera por el suicidio de Vesper le hará seguir la pista a Yusef, el franco argelino que fue su novio, quien aparentemente traicionó a Vesper provocando su muerte. Estas dobles indagaciones, más la investigación de alguien tan respetado por la CIA y el gobierno inglés como Greene, obligarán a M y a Felix Leiter a no ayudarlo. ¿Será Mathis alguien en quién Bond pueda confiar? La misteriosa Camille, ¿Podrá darle consuelo a Bond, deprimido por la muerte de su gran amor? Entre fines de octubre y principios de noviembre sabremos estas respuestas, y podremos resolver el interrogante más importante: El James Bond adolescente de Casino Royale... ¿Se volverá adulto en Quantum of Solace?

 

 

Nicolás Suszczyk.