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Sigamos repasando este
film: Bond, ahora 007, está en
Madagascar con el agente Carter, "un
niño" (alguien que no es un 00) que
comete el garrafal error de dar a conocer
su identidad accidentalmente, al tocarse
la oreja donde se hallaba el auricular
por el cual se comunicaba con Bond. Los
dos vigilaban a Mollaka, un terrorista, a
quien deben capturar e interrogar, pero
no matar. 007 persigue al terrorista
(mientras Carter se pierde por ahí)
hasta la Embajada de Nambutu, donde las
reglas de relaciones internacionales
aseguran protección al nativo del país
que representa el edificio. Pero los
adolescentes viven sin reglas, y Bond no
será la excepción: irrumpe en la
embajada, agrede a la gente de
seguridad... y, al verse rodeado por
tropas, mata a Mollaka y huye. Otro acto
adolescente: la presión que Bond sentía
lo hace actuar de manera desesperada y
desobedecer una orden directa, razón por
la que M tendrá problemas en el
parlamento.
M es la jefa del MI6, el
Servicio Secreto Británico,
representaría "la madre" de
James Bond. No en vano, Ian Fleming
llamaba así a su madre en ocasiones.
Como toda madre, defenderá la actitud de
su hijo: "¿Has visto alguna vez
un crisol de moralistas protegedores de
trastes? No les importa lo que hacemos,
sino lo que ven en las fotografías"
-dice M a su asistente para respaldar a
su agente, aunque luego lo criticará: "Le
doy el status 00 y lo celebra armando un
tiroteo en una embajada (...) ¡Cómo
extraño la Guerra Fría!". Naturalmente,
en la época de la Guerra Fría, Bond
(este Bond) era un niño, irresponsable
de sus actos ¿Sabrá M que ahora su hijo
se vuelve rebelde? ¿Acaso extraña
cuando éste no suponía un
"peligro" para la sociedad?
El siguiente dialogo es
entre Bond y M, y es muy interesante. Su
jefa/"madre" lo descubre
investigando su computadora para rastrear
un chip del celular que pertenecía a
Mollaka. "Sabía que era pronto
para promoverte", le dirá, "Necesito
confiar en tí, y que tú sepas en quien
confiar". Es notable el trato
maternalista de M en esta escena, en la
que subestima a su "hijo" Bond,
posiblemente para provocar una reacción
en él. La reacción del agente será
seguir el rastro de quien envió un
mensaje al celular investigado, que
habita en Bahamas. Silenciosamente, M
apreciará la acción de Bond.
El siguiente escenario
donde se traslada la acción es la
soleada Nassau, donde 007 entrará
"por primera vez" a un casino.
Allí destroza en una mano de póker al
sanguinario Dimitros (que envió el
mensaje a Mollaka) y se acuesta con su
mujer Solange. Sin embargo, la historia
entre ambos no pasa de besos con poco
romance. Entre James Bond y Solange, la
relación es puramente un atractivo
físico que el agente disfruta, pero
está más preocupado por conseguir
información sobre Dimitrios. El punto de
comparación entre la relación
Bond/Solange y la adolescencia consiste
en que no llega a haber sexo entre ambos
(al menos no hay indicios): Bond besa,
pero no hace el amor todavía, igual que
un adolescente, que, por lo general,
primero descubre el placer de la
seducción de los besos y caricias antes
del sexo.
Bond persigue a
Dimitrios a Miami, donde lo vence en un
enfrentamiento, y luego evita un atentado
en el aeropuerto, aunque el arrestado
será Bond y no el terrorista que llevaba
a cabo la tarea (más allá de que luego
Bond logre eliminarlo). Nuevamente,
"mamá M" ayudará a Bond y lo
sacará a Bond de la cárcel. El espía
se encuentra con su jefa en la casa de
Dimitrios, allanada por el MI6, donde
Solange se halla muerta. ¿Debería él
sentirse culpable? No, el no se
considera, o posiblemente lo haga, pero
decide dejar de lado ese sentimiento tan
autodestructivo del ser humano para
embarcarse en su nueva misión, no sin
antes inyectarle un chip rastreador en el
brazo: las madres quieren saber la
localización exacta de sus hijos, más
cuando son adolescentes y viven una vida
de más riesgo que en la infancia. "Sabía
que tú eras tú", le dice M a
James, demostrándole que lo conoce como
si fuera su madre (valga la redundancia).
y lo envía a una misión a Montenegro a
hacer una cosa de adolescentes: ganar un
torneo de póker en el que participa Le
Chiffre, un banquero de los terroristas
más grandes del mundo.
En un viaje en tren, a
Bond se le cruzará una mujer importante.
No un "metejón" como Solange,
sino una mujer desafiante, competitiva y
segura de sí misma: Vesper Lynd, oficial
de la Tesorería de Su Majestad, que
financia a Bond para el juego. Ambos
deben hacerse pasar por novios, algo
bastante dificil para James, dado ciertas
hostilidades de Vesper, que lo llamará "bastardo
de corazón frío", pero no en
un tono agresivo, sino de manera
sarcástica y falsa
Mientras Vesper lo tilda
de engreído por revelar su identidad en
vez de ocultarse en su fachada, él
recibirá un regalo de M: Nada más ni
nada menos que un Aston Martin DBS 2006. "Yo
también te amo, M", dirá para
sí Bond en agradecimiento a su
"madre": No es para menos... un
ascenso, un viaje a un país exótico,
dinero para jugar al póker, auto último
modelo. ¿Cómo no puede Bond sentir
felicidad por ser un 00? ¿Cómo no puede
un adolescente estar alegre de recibir
cosas que no podía recibir cuando niño?
La noche del torneo de
póker llega, y se lleva a cabo en el
lujoso Casino Royale. Le Chiffre saluda
al agente: "Bienvenido Sr.
Beech... ¿o es Bond?, estoy
confundido" - le dirá,
mientras le estrecha la mano y le
recuerda con el parlamento previamente
citado, que él ya conoce a Bond y sus
pretensiones: un saludo que oculta una
silenciosa amenaza.
La partida comienza, y la
tensión causada por el juego llevará a
Bond a probar emociones fuertes, como
pedir una bebida alcóholica fuerte, un
Vodka Martini con una receta especial.
Vesper, mientras tanto, lo besa en el
cuello, y 007, más tarde, se acercará a
besarla en la boca. "¿Nos
están mirando?", le pregunta
Bond a su contacto Mathis. Parece ser que
Bond pretende que lo vean con aquella
mujer para mantener su fachada... o tal
vez para lucir su bella mujer, otra
fantasía adolescente.
No es mucho después
cuando, en un intervalo entre las manos
de póker, James Bond decide seguir a Le
Chiffre a su hotel, que pasa un mal
momento cuando un cliente suyo, Obanno,
lo amenaza junto a su guardaespaldas para
reclamar su dinero. Esta situación
acabará con Bond encarando un brutaly
agotador combate contra Obanno en las
escaleras del lugar, con Vesper corriendo
de un lugar a otro sin saber que hacer,
hasta que finalmente desarmará a Obanno,
provocando que Bond lo mate. Mientras
ella huye aterrorizada a su cuarto, un
ensangentado Bond si limpia las heridas y
contempla su rostro, whisky de por medio.
Ser 00, ser adolescente, no es algo tan
facil, y tiene su parte dura. La frase
que después le dirá Le Chiffre a Bond
demostrará esto: "Espero que
este jueguito no le haga traspirar",
mientras Bond le responde "Un
poco, pero no me preocuparé mientras no
llore sangre"... típicas
provocaciones de jóvenes (007 provoca a
su adversario sobre su problema físico:
una alteración en el lagrimal que le
hace llorar sangre)
Poco después
llega una escena muy importante: Bond, el
adolescente, comportándose como un
caballero y dejando floorecer su lado
romántico. Vesper, vestida, llora
preocupada bajo la fría ducha de su
baño tras ser testigo (y cómplica) de
un asesinato. Bond, mientras se desanuda
su moño, se mete bajo la ducha, calienta
el agua y abraza a Vesper. Al día
siguiente, Mathis preguntará a Bond: "¿Nuestra
chica a logrado derretir tu corazón de
hielo?". El 00 novato no
contesta. Indudablemente ejemplificación
de la frase "el que calla,
otorga".
Otro día del torneo
continúa. Le Chiffre y Bond aumentan
insaciablemente las apuestas, hasta que
Le Chiffre (fingiendo un bluff,
es decir, un gesto engañoso de
preocupación) apuesta todo y Bond
iguala. Las cuatro sotas del terrorista
superan el full house del
espía. Bond ha perdido todo, por lo que
acude a la ayuda de Vesper para pedirle
más fondos. Ella se niega: "Perdiste
por tu ego, y por ese mismo ego no puedes
aceptar tu derrota. Ahora lo único que
harás es perder más". James
Bond se siente poderso: su jefa, su
"madre" le ha dicho que es "el
mejor jugador de póker en el
Servicio" y una simple mujer no
va a contradecir la idolatración de M:
La opinión (y la confianza) de una madre
vale más para 007 que lo que Vesper
diga. Bond se enoja y quiere acabar con
todo, cueste lo que cueste... planea
apuñalar a Le Chiffre, como cuando un
adolescente se harta de vivir la
adolescencia, pero es Felix Leiter,
agente de la CIA participante del torneo,
quien lo detiene de hacer semejante
estupidez: Leiter, desesperanzado en el
azar, financia a Bond. Un amigo lo ha
salvado de un problema, un amigo le
impidió fallar la misión.
La suerte está del lado
de Bond, por lo que un desesperado Le
Chiffre le envenena la bebida. El agente
siente como su corazón comenza a
funcionar mal, y puede sentir que el
final se acerca. Desesperadamente
abandona la mesa de juego y se dirige a
su auto, donde se contacta con el MI6 y
su personal médico, que le indican como
utilizar un desfribilador para efectuarse
un electroshock y así recuperarse de un
paro cardíaco. En esta escena se vuelve
a repetir la preocupación de M por Bond:
él no es un soldado más, puesto que
cuando su asistente Villiers le informa
del envenenamiento del espía, ella irá
desesperada a comunicarse con él. Bond,
mientras tanto, sigue las indicaciones al
pie de la letra, pero algo le impide
presionar el botón para efectuar la
descarga eléctrica. Se olvidó de
conectar un cable. James Bond se entrega
a su destino mientras su corazón se
desacelera con frecuencia. Vesper, sin
embargo, conecta el cable, oprime el
botón, y devuelve a Bond a la vida.
Finalmente, en un juego
donde se juega mucho más que una cifra
multimillonaria, Bond vence a Le Chiffre
con la segunda combinación más alta
existente en el póker, y, acto seguido,
invita a Vesper a cenar. La cena entre
ambos es muy importante, equivalente a
una "primera cita". "Voy
a llamarlo 'Vesper'" -comenta
Bond en referencia a su trago. "¿Es
por el sabor amargo en la boca?,
responde ella, provocadora. "No,
porque una vez que lo pruebas, no quieres
tomar nada más", es la
respuesta de James que ella considerará "un
buen piropo". Pero es mucho
más que eso. Es una encubierta
declaración de amor, o por lo menos, de
"idealización": Bond le
recuerda a Vesper que ella no es
"una simple chica", le instala
en la mente la posibilidad de que cuando
la "pruebe" sea posible que no
quiera probar "a nadie más".
El simple hecho de llamar a su bebida con
el nombre de Vesper es darle una señal
de importancia. ¿No se preguntaron por
qué no llamó 'Solange' a su bebida?.
Bond comienza a enamorarse.
Poco después,
007 descubre en ella un "nudo del
amor" argelino. "Es un
hombre muy afortunado", dice
del aparente novio de Vesper, demostrando
cierta desazón en su mirada. ¿El novio
de Vesper es afortunado por tener a su
lado una mujer despapmanante? ¿O por
tener algo más que "una cara
bonita" como chica? Parece ser, como
sosteníamos en el párrafo anterior, que
James deja de ver el exterior de ella y
comienza a adentrarse en su belleza
interior. Ella también quiere adentrarse
en la vida personal de Bond. Menuda
tarea, ingresar en el corazón de un
frío agente secreto... o mejor dicho,
ingresar en el interior del agente para
ver si posee corazón. Le pregunta si no
le molesta matar "esa"
gente (se sabe, los que lo atacaron en la
escalera). "No sería bueno en
mi trabajo si me afectara", se
juustifica él. "El hecho de
hacer algo... no quiere decir que lo
sigas haciendo". Con esto, ella
lo "incita" a renunciar y vivir
una vida "normal", posiblemente
ignorando que la normalidad para Bond es
su mundo de armas, violencia y anonimato.
Un mensaje de texto de
Mathis interrumpe la velada. "Buenas
noches, y felicitaciones nuevamente",
dice ella con frialdad, mientras se
aproxima a la puerta. Pero Bond descubre
el engaño, y corre desesperadamente a
perseguir a los secuestradores de Vesper,
obviamente gente de Le Chiffre. El Aston
Martin DBS atraviesa la ruta como una
locomotora, pero un volantazo del agente
al ver a Vesper atada en medio de la ruta
lo hace chocar. "Me parece que
tu amigo Mathis es en relaidad... 'mi'
amigo Mathis" -provocará Le
Chiffre mientras sus esbirros le sacan el
chip rastreador. Es hora de pagar el
precio de la "adolescencia" que
tanto disfrutaba Bond.
Bond y Vesper son llevados
al barco de Le Chiffre. Ella es encerrada
en un camarote, y la oímos gritar. No se
sabe si la torturan o no -aunque en el
guión especifican que lo hacen, en el
film no hay indicios, y es bien sabido
que en el cine lo que no se ve (o no se
connota) no existe-. "El hombre se
hace a los golpes". Esta frase la
escuchamos varias veces, pero este
atemorizado 007 "adolescente"
las vive en carne propia: es azotado con
una soga en sus genitales por Le Chiffre
para que revele la clave de la cuenta
bancaria donde será depositado el dinero
que ganó Bond en el torneo. El banquero
de terrorismo vulnera la parte más debil
de un hombre, una tortura que va mucho
más allá de lo físico, llegando a lo
psicológico. Pero el torturado usa su
más maravillosa arma, el humor: "Tengo
comezon ahí abajo. ¿Me harías el
favor?", dice Bond mientras Le
Chiffre vuelve a golpearlo, y 007 le pide
que lo golpee "más a la
derecha". "El mundo
entero sabrá que te moriste rascándome
las bolas"- comenta James entre
risas. A Le Chiffre se le instala la
preocupación en el cerebro: "¿Voy
a morir?". "Hagas lo
que hagas, no te daré la contraseña,
por lo que tus clientes te atraparán y
te descuartizarán vivo. Y usted no
tendrá donde esconderse", le
recuerda Bond, haciéndole sentir la
ineficacia de su "tratamiento"
y preocupándolo más.
"Te equivocas,
porque incluso aunque te destroze a tí y
a tu novia, tu gente me recibirá, porque
necesitan lo que yo sé",
responde Le Chiffre, mientras los gritos
de Vesper se oyen. "Bond, hazlo
pronto y la dejaré con vida",
continúa el torturador, vulnerando otra
parte de Bond: sus sentimientos. Otro
dato que respalda nuestra hipótesis, dos
cosas que florecen en la adolescencia son
la sexualidad y los sentimientos
afectivos, puntos débiles de Bond que
este sádico Le Chiffre afectará. Pero,
por desgracia para el villano, para Bond
es más importante su lealtad por
Inglaterra que su sexualidad y sus
sentimiento, por lo que aún se niega a
darle la contraseña de su cuenta
bancaria. Le Chiffre se harta y saca su
navaja: "Te alimentaré con lo
que no pareces valorar". Mientras
da inicio a la mutilación del órgano
sexual de 007, dos disparos interrumpen
su tarea. El Sr. White, integrante de la
organización a la que pertenece Le
Chiffre, lo amenaza con un revólver. "El
dinero no es tan importante en la
organización como saber en quién
confiar", le dice antes de
apretar el gatillo y quitarle la vida.
Bond, luego de soportar una horrenda
tortura, se desmaya. Ha hecho algo más
que aguantar el sufrimiento... lo ha
enfrentado con humor.
James Bond convalece en
una clínica en Venecia, rodeado por
Vesper y Mathis. Habrán sido unos días
después, con Bond en silla de ruedas,
cuando Mathis le preguntará detalles
sobre la muerte de Le Chiffre. James
recuerda el comentario del banquero y su
aparente relación con Mathis, por lo que
007 no habla y lo manda a arrestar.
Parece ser que nuestro adolescente
recordó el consejo de su madre: "Tengo
que confiar en tí... y en la gente que
tú confías". Mathis no parece
ser una persona de confianza de Bond.
Mientras una leve
brisa agita los árboles en el sanatorio
donde se recupera Bond, el espía
despertará con Vesper ante sus ojos,
sentada en su falda. "Puedes
tenerme como sea", le susurra
ella en el oído, por lo que él dirá: "Hace
poco hubiera descrito tus sentimientos
hacia mí como... una palabra no tan
fuerte como 'odio'". "Me temo
que soy una mujer complicada", admite
Vesper. "Del odio al amor, hay un
sólo paso". Ciertamente, en la
adolescencia uno pasa por cualquier
cantidad de amoríos que normalmente se
inician a través de un rechazo hacia la
otra persona: Vesper veía a James como
un arrogante y descorazonado bastardo,
pero ahora descubre que es humano, que
sufrió (al igual que ella) por su
lealtad a la causa. El sentimiento
afectivo de James por Vesper, al que ella
respondió con frialdad (recordemos la
cena después del torneo), comienza a
adquirir reciprocidad. "Te
estás entibiando", le dirá
también Bond.
El señor Mendel,
representante del banco Basel en Suiza,
interrumpe a la pareja para iniciar la
transferencia de fondos. Bond le pide a
Vesper que introduzca la contraseña. La
contraseña es... "Vesper",
llenando sus ojos de lágrimas mientras
ella la introduce. Mientras Mendel se va,
dando a lugar el inicio del romance entre
Vesper Lynd y James Bond: "Sabes
James... si todo lo que quedara de tí
fuera tu sonrisa y tu meñique, aún así
serías más hombre que cualquiera de los
que he conocido". Vesper eleva a
Bond al mismo altar al que él la ha
elevado a ella: sabíamos que para Bond,
Vesper es una mujer importante. Ahora,
para ella, Bond también es importante,
cosa que connotará en su declaración:
cuando ella le pregunta si le permitirá "entrar"
(a sus sentimientos) o si aún tiene
"la armadura puesta",
él, desde las profundidades más
profundas de su corazón, sin pensarlo,
hará una de las declaraciones amorosas
más importantes que se pueden hacer (por
lo menos para un solitario agente
secreto): "No tengo armadura. Me
la arrancaste. Lo que queda de mí... y
lo que sea que soy... soy todo tuyo".
Ella lo besa, y no es para menos que a
nuestro espía "adolescente" le
llegue el momento de amar y ser amado.
En una radiante playa,
Bond y Vesper toman sol, dándole al
espectador un vistazo más del noviazgoe
entre Bond y Vesper. Él hablará de la
traición de Mathis: "Creí que
me estaba protegiendo. Pero ya aprendí
esa lección". El tema que se
vuelve a tratar en este parlamento es la
confianza de Bond hacia sus colegas,
aunque Mathis podría ser alguien más
que un "colega", sin llegar a
ser un familiar, sería una especie de
tutor de Bond (recordemos que Bond cree
que él lo "estaba
protegiendo"). "¿Todos
tenemos gestos que nos delatan?",
pregunta Vesper refiriéndose a los
conocimientos de Bond sobre el póker. "Todos,
menos tú", responderá.
Realmente, las reacciones del amor en la
adolescencia son tan impredecibles como
Vesper.
James le admite que el
enigma que encierra la impredecible
Vesper son el motivo por el cual él la
ama. Y la ama "Lo suficiente
para viajar hasta conseguir un trabajo
honesto", aunque claro, le
aclarará que él no sabe lo que es un "trabajo
honesto": logicamente, a los
espías les cuesta adentrarse en la
sociedad, puesto que siempre que lo hacen
es con un nombre o historia falsa. Es
importante ahora, cuando Bond dice: "Me
voy con lo poco que tengo",
traicionando al lema de su familia,
"El mundo no basta".
Lo que continúa es un
paseo por los canales venecianos, mentras
James enviará un email a M presentando
su renuncia "con efecto
inmediato". Finalmente, 007 ha
decidido iniciar una vida nueva al lado
de Vesper. Más tarde, en su habitación
del hotel, Bond tiene su
"primer" relación sexual, con
la mujer que ama. Una relación muy
apasionada. El agente más tarde notará
que ella dejó de usar el nudo de amor
argelino: "¿Es hora de olvidar
a alguien?", interroga él. "No,
es para darme cuenta de que el pasado a
veces puede ser olvidado". Bond
y Vesper, erróneamente, creen que pueden
dejar de lado su pasado: él, su vida
como agente secreto al Servicio Secreto
de Su Majestad; ella, si historia con el
hombre que le regaló el collar.
Cuando Vesper va al banco
a transferir el dinero a Londres, James
ve que ella dejó su celular. Mientras se
dispone a leer el mensaje de texto que le
fue enviado, Bond recibe en su celular un
llamado de M. "Hay un hombre de
la tesorería preguntando si depositarás
tus ganancias". Él se pregunta
por qué no llegaron, mientras en su
mente se instala la peor posibilidad...
la traición de Vesper.
Mendel le comunica a Bond
que los fondos se están retirando en ese
preciso momento en una sucursal en la
Plaza San Marcos, mientras en el mensaje
del celular de su novia se lee "Espérame
en media hora", y está a
nombre de alguien llamado Gettler. Un
acelerado Bond irrumpe entre varias
multitudes de turistas hasta que observa
a Vesper entregándole el dinero a
Gettler y su guardaespaldas en un
pasadizo. Bond es descubierto, mientras
Gettler amenaza con matar a Vesper. "Permítemelo
a mí", dice Bond, obnubilado
por la traición del ser que amaba.
La acción se traslada
ahora a un edificio en constucción,
flotando en el Gran Canal. Vesper está
encerrada en un ascensor, mientras Bond
lucha valerosamente contra Gettler y su
gente. Luego de vencerlos, mientras el
edificio se hunde en el mar a causa de
los impactos de bala que deterioraron los
cimientos, Bond corre para rescatar a
Vesper. "Lo siento, James",
le dice ella, entre lágrimas, cerrando
con llave la puerta del ascensor que se
hunde en las turbias aguas.
Desesperadamente, Bond se sumerge y llega
al ascensor. A toda costa quiere abrir la
puerta, pero ella, acongojada, le besa la
mano, se aleja de su salvador y deja que
el agua le entre en el cuerpo. No es
mucho después cuando muere. Una vez en
la superficie, ningún ejercicio de
resucitación funciona. Es demasiado
tarde. Un golpe duro, quizá más duros
de los que Le Chiffre le ha dado, afecta
a Bond, que sostiene en sus brazos el
cuerpo de la mujer con la que había
soñado una vida nueva.
"Su novio era
franco-argelino", le dice M a
Bond, mientras él habla con ella por
teléfono desde el barco. El novio de
Vesper había sido secuestrado por la
organización de Le Chiffre, y ella fue
chantajeada para cooperar. "Nos
enfocamos tanto en nuestros enemigos, que
olvidamos vigilar a los amigos",
aconsejará M. Ciertamente, el caso de
Mathis y Vesper ejemplifica esta frase. "¿Cómo
estás?", le pregunta M a Bond,
ubicándose nuevamente en el lugar de
"madre" (se interesa por la
situación de su "hijo").
Cuando él le dice que Vesper dejó el
celular, M repite su frase anterior
"ella sabía que tú eras tú".
¿M cree que las novias y las madres son
las que mejor conocen a un determinado
hombre?. También le dice a Bond que la
traición de Vesper excupla a Mathis. "Probamos
que ella es culpable, no que es inocente.
Siganlo Interrogando", responde
James Bond, tajante, y le dirá a su
jefa/"madre" (en esta escena M
es más madre que nunca) que no confía
en nadie: "Aprendiste tu
lección", le contestará. "El
trabajo está hecho, y la p**a está
mueta", dice él, mientras
ambos llegan a la conclusión de que
Vesper traicionó a Bond para salvarle la
vida y que dejen de perseguirlo (por eso
no los mataron ni a él ni a Vesper
cuando murieron Le Chiffre y sus
esbirros). Desesperanzado porque no
quedaron pistas que conduzcan a la
organización. "Nunca sabremos
quén está detrás de esto. Se enfrió
el rastro", le dice M. Él
corta la llamada y se dispone a revisar
el celular de Vesper. Un mensaje, con
datos sobre el Sr. White. A Vesper le ha
llegado su catársis, se ha redimido.
Podemos decir que siempre amó a Bond: la
traición fue para salvarlo, y ahora le
deja los datos de alguien importante de
la desconocida organización. En toda
esta escena se demuestra la típica
vacilación de la adolescencia, una etapa
donde uno no tiene las cosas con
claridad, al igual que Bond en esta
escena: no sabe si recordar a Vesper con
odio (por la traición) o amor (los
momentos románticos vividos). Sin
embargo, en esta etapa las madres están
para ayudarnos, y M no parece ser la
excepción.
En una lujosa casa
medieval a orillas del Lago Como, en
Italia, James Bond intercepta al Sr.
White (poseedor del dinero del casino),
lo hiere en la pierna, y se presenta, con
un aire de superioridad. "Mi
nombre es Bond... James Bond".
Quantum of Solace
continúa las aventuras de James Bond en Casino
Royale. Interrogando al Sr. White,
Bond y M descubren que la organización,
llamada Quantum, posee agentes en todas
partes. Bond se ve envuelto en un nuevo
desafío, mientras investiga al Dominic
Greene, agente de Quantum oculto tras su
fachada de venerable ecologista, su
cólera por el suicidio de Vesper le
hará seguir la pista a Yusef, el franco
argelino que fue su novio, quien
aparentemente traicionó a Vesper
provocando su muerte. Estas dobles
indagaciones, más la investigación de
alguien tan respetado por la CIA y el
gobierno inglés como Greene, obligarán
a M y a Felix Leiter a no ayudarlo.
¿Será Mathis alguien en quién Bond
pueda confiar? La misteriosa Camille,
¿Podrá darle consuelo a Bond, deprimido
por la muerte de su gran amor? Entre
fines de octubre y principios de
noviembre sabremos estas respuestas, y
podremos resolver el interrogante más
importante: El James Bond adolescente de Casino
Royale... ¿Se volverá adulto en Quantum
of Solace?
Nicolás
Suszczyk.
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