| Hemos llegado al final de
este repaso conmemorativo sobre Al Servicio
Secreto de Su Majestad, el film más
controversial de James Bond que en este mes
cumple 40 años. Seguramente muchos
se preguntarán por qué esta sección de
diciembre la titulé "Todo el tiempo del
mundo". La cuestión, es muy sencilla:
escribir en primera persona, y dar un punto de
vista altamente subjetivo y sobre todo personal
sobre el film.
Los lectores del sitio
sabrán que llevo más de diez años (casi la
mitad de mi vida) como Bondmaníaco. Mi film
favorito es GoldenEye y mi Bond favorito
Pierce Brosnan, el primer film de Bond que vi en
el cine fue El Mañana nunca muere y soy
integrante de BondCollection desde poco después
de su creación, en 2003.
Ahora, ¿Cuales fueron mis
experiencias con la sexta película de la serie?
Mi primer contacto con el
film fue, según mi cuaderno de clases de segundo
grado de primaria, un lunes 12 de octubre de
1998. Allí está escrito, bajo la fecha martes
13 de octubre, cumpliendo con la consigna "¿Cómo
me divertí el fin de semana largo?",
junto con otras actividades, "Vi una
película de 007: "Sectret Service on Her
Magesty's" "(sic).
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Gunbarrel: ¡James
se arrodilla! ¿que tul?
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Yo sabía que había una
película de Bond donde actuaba un actor que no
era Connery, Moore, Dalton o Brosnan, un tal
Lazenby. Ni idea quien era, pero el film me
llamó la atención y Al Servicio Secreto de
Su Majestad fue el film elegido para ver esa
tarde en la casa de mi abuela materna (no tenía
videocassetera en ese entonces).
Y de repente veo la
secuencia de gunbarrel: el tipo (Bond,
es decir Lazenby), dispara arrodillado. Salva a
una chica del suicidio y pelea con unos matones
en la playa (a todo esto el comentario de mi
abuela: "Qué bueno es saber artes
marciales"). Llegaron los títulos de
crédito. Qué cosa rara, pensé, tienen una
canción únicamente instrumental y pasan
imágenes de los films anteriores. Bond renuncia,
y al final no renuncia. Viaja a Suiza y se viste
con pollera. Blofeld lo descubre y después veo
una de las secuencias de esquí más fascinantes
de toda la serie (risotadas al unísono mías y
de mi abuela cuando James arroja al matón por el
acantilado). Unos cuantos minutos después...
¡James Bond se casa! y... ella muere. Así
termina la película. ¡Así termina la
película! Yo no lo podía creer, ¡¿Cómo puede
ser que Bond pierda?! ¡Bond tiene que ganar!,
pensaba.
El final trágico era un
motivo por el cual al film lo detesté mucho
tiempo. James triunfaba en GoldenEye y El
Mañana nunca muere. También en El
Hombre del Revólver de Oro y en Moonraker.
Y en Su Nombre es Peligro... pero cómo
puede ser que la chica muera. Un niño de ocho
años no está preparado para un final trágico
en un film de acción. Yo no lo estaba, no porque
Tracy haya muerto, sino porque Bond quedaba como
un perdedor. El villano había sobrevivido y
matado a la chica. Y 007, el as de los espías,
ahí, con los ojos empañados, shockeado e
inactivo.
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Un dibujo de Piz
Gloria, hecho con acuarelas en 2006.
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Con los años llegué a no
querer el film, y menos a George Lazenby (a
alguien tenía que culpar). No obstante crecí y
aprendí a desmitificar a Bond. A saber que él
es de ficción, pero es humano, y como buen
humano puede tropezar. Con el paso del tiempo
noté que el film es realmente muy bueno
técnicamente, y que es la adaptación más fiel
a Fleming que existe. Comencé a amar su música,
obra del maestro Barry. Y todo lo demás.
Llegó este año y tomé
mucha más conciencia sobre la importancia
histórica de la película: fue estrenada en
1969, el último Bond de los '60. Viendo la
historia de la serie noté que después de Al
Servicio Secreto de Su Majestad los films
fueron muy distintos, por lo que esta película
sirve como cápsula de las previas aventuras, y
que se trató, posiblemente, del primer fin de
una era en la historia de James Bond. El hecho de
hacer una aventura estrictamente seria y
dramática obligó a los productores a ironizar
las aventuras de los años '70, como Los
diamantes son eternos y Vivir y dejar
morir, que dió inicio a la simpática era
de Roger Moore.
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| Bond
esquía en Suiza, esquivando las balas de
los hombres de Blofeld. |
El autor
de la nota, esquiando en Bariloche,
esquivando egresadoss. |
Y me dí el gusto de vivir
una experiencia bondiana que me debía desde hace
rato: esquiar. Un aviso para todos los fans de
Bond: escuchar el tema del film en la cabeza
mientras se esquía es muy frecuente, pero no
podemos esquiar tan bien como James.
Recientemente viajé a
Bariloche, Rio Negro (al sur del país) y,
acompañado por mi grupo de egresados, me arrojé
por una pendiente (obviamente, de las fáciles).
Fue hermoso, me creía Lazenby... hasta que quise
frenar los esquíes. Puse los pies de cuñas,
como me aconsejaron, pero los esquíes se
cruzaron y me caía una y otra vez. Y en un
momento casi se me pierde un palo. Es muy dificil
esquiar. Aún así, la experiencia es hermosa y
muy recomendable.
Pero una de las
coincidencias más llamativas es el hecho de
escribir sobre una película que termina una era
de Bond, cuando yo termino una era de mi vida: en
poco tiempo egreso del secundario, tras haber
pasado cinco años con un curso maravilloso y un
excelente grupo humano.
Pero volviendo a hablar del
film, puedo decir que descubrí en el un Bond
verdadero y humano, lo que muy rara vez se vió a
lo largo de los años. un héroe descorazonado.
Alguien que podía empezar una vida nueva y que
tenía la esperanza de tener una vida común. Una
esperanza destrozada por su profesión. Esto hace
al film muy especial.

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Al Servicio
Secreto de Su Majestad termina
con el golpe más duro para el agente
secreto: el asesinato de su esposa
Tracy.
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Y acerca del dramático
final puedo decir, con diecinueve años, que
muchas historias no siempre tienen un final
feliz, pero a veces tienen un desarrollo tan
interesante y tan vívido, que uno se termina
olvidando si algo termina mal y comienza a
sopesar lo bueno de la historia. Y eso es lo que
pasa con este film: tiene una historia muy buena
y, después de todo, el final dramático no es
tan malo. Nos demuestra que el film rompe las
reglas de una manera muy positiva y que Bond
también puede perder.
Quiero aprovechar este
espacio para agradecerle a los lectores del sitio
por su atenta lectura a mis notas, y aprovecho
para nuevamente dedicar esta nota a mi familia y
especialmente a mis compañeros de curso que me
acompañaron todo este tiempo y que fueron
testigos de mi (fallida) imitación de Lazenby en
el Cerro Catedral.
Me despido, y realmente
espero que hayan disfrutado esta recorrida sobre
el magnífico sexto film de la serie.
Un clásico que merece todo
el tiempo del mundo.
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