Si hay algo de lo
que un film de acción no puede prescindir es
algún toque de humor. Cualquier obra
cinematográfica con escenas de riesgo que se
precie por lo general tiene toques humorísticos,
usados muchas veces con el objeto de relajar la
tensión del espectador, con un humor oral o
gráfico.
Cuando los ejemplares de Casino
Royale se dejaron ver en las librerías
londinenses el 13 de abril de 1953, aquellos
intelectuales que pagaban un par de libras
esterlinas por la ópera prima de Ian
Fleming, espía devenido en autor, se encontraron
con una novela corta, oscura, violenta, y a su
vez entretenida, cargada de acción. La obra
estaba dotada por un ambiente dramático en medio
de un clima elegante, en situaciones de la buena
vida. Tan fuerte eran las dramáticas vivencias
de James Bond en la novela que no daban lugar a
risas en el espectador. Las siguientes novelas
del autor británico tuvieron algunos leves
matices más humorísticos, como se ve en los
ribetes racistas en Vivir y dejar morir
(1954), los insultos de Bond a Hugo Drax en Moonraker
(1955), defectos físiscos de los villanos en Los
diamantes son eternos (1956), y acusar de
sucios a los ciudadanos rusos en De Rusia con
amor (1957).
A principios de los
sesenta, el proceso de llevar a Bond al cine
comenzaba a concretarse, gracias a la sociedad
del canadiense Harry Saltzman y el norteamericano
Albert R Broccoli, que, junto con la
distribuidora United Artists estrenaron en
octubre de 1962 la primer aventura
cinematográfica de James Bond, Dr. No,
cuyo papel estelar protagonizaría Sean Connery.
. |
Combate
entre Bond y el Sr. Jones en Dr
No (1962) |
La producción fue dirigida
por el británico Terence Young, encargado de
refinar a Connery para que fuera
"adecuado" en el papel, dado la
inseguridad de Fleming en el actor escocés.
Young aconsejó a Connery recurrir a la ironía,
a ser impasible al lanzar frases ácidas, y a
transmitir a la audiencia un humor visual y
discreto, sin exagerar de el ni abandonar la
dureza y la frialdad ante la inescrupulosa labor
de un agente doble cero del servicio secreto de
Su Majestad británica.
Así, en Dr. No,
Bond cambia el carácter de su vuelo a Jamaica de
"inmediato" a "casi
inmediato" cuando Sylvia Trench se cuela en
su departamento, le advierte a un guardia de la
casa de gobierno jamaiquina que se "asegure
que no se escape" el cadáver de un enemigo
que había enfrentado, y hasta le dice al villano
del título que antes que unirse a su
organización se uniría al departamento de
venganza.
Terence Young volvió a
dirigir la segunda aventura fílmica de 007, De
Rusia con Amor (1963). Volvió Sean Connery
con su sigilosa gracia: le dice a Moneypenny que
está "revisando un viejo caso"
mientras está de picnic con Sylvia Trench,
piensa que Rosa Klebb "metió la pata"
al querer matarlo con una navaja envenenada en la
punta de su zapato, y le pregunta a un triunfante
Red Grant "¿De qué manicomio te
sacaron?".
El humor de Bond se volvió
más gráfico y esplendoroso en la aventura
número tres de la serie, Goldfinger,
dirigida esta vez por Guy Hamilton, un director
mucho más abierto al humor que Young, que
permitió que Bond, tras electrocutar a un
matón, comentara fríamente: "Chocante,
definitivamente chocante". La frivolidad de
Bond al laborioso trabajo del armero Q, y la
furia de éste por la destrucción de sus
inventos tras ser usados por el agente,
establecieron el patron de la relación Bond/Q
por los siguientes años. Las provocaciones al
villano Auric Goldfinger ("Ya veo, le
molesta que no le de la revancha" - le dice
Bond cuando su enemigo lo amenaza tras perder el
partido de golf) y las insinuaciones a Pussy
Galore ("Tenemos que practicar unas caídas
juntos" - comenta cuando ella lo ataca
mientras Bond espía a Goldfinger), junto con el
humor gráfico (el asiento eyector del Aston
Martin; una anciana que dispara una ametralladora
contra el automóvil de Bond; y las sonrisas del
agente al guardia coreano que lo apresa),
constituyeron la impronta de este agente secreto
sesentista, que tres décadas después sería el leit
motiv que parodiaría Austin Powers, el
cómico espía interpretado por Mike Myers.
|
007
y Pussy Galore, poco antes de practicar
"unas caídas juntos" en Goldfinger
(1964) |
 |
"Espera a que conozcas
mis dientes", musita 007 cuando la bella
Domino elogia su aguileña mirada en Operación
Trueno, dirigida nuevamente por Terence
Young en 1965. El guión del film mantiene las
líneas de tensión y dramatismo propias del
director británico, pero parece haberse
influenciado sin duda alguna por las olas de
humor del film anterior, que dirigió Hamilton y
supuso el gran salto a la fama de la serie. En el
film aparecen más situaciones humorísticas
propias de Connery: arrojarle al cadáver de
Jacques Bouvar flores tras eliminarlo, burlarse
de un tiburon tras zafar de sus mandíbulas, con
el comentario de "Lo siento, viejo. Mejor
suerte la próxima", y decirle a Emilio
Largo que no sabe de escopetas, "pero sí un
poco de mujeres", tras observar que su
escopeta es apropiada para una mujer. Y le dice a
Patricia Fearing que "estaba haciendo un
poco de ejercicio" cuando se deshace de un
agente de SPECTRE en el sanatorio Shrublands.
Pero lo que es imposible olvidar es cuando sienta
el cuerpo muerto de Fiona Volpe, que recibe una
bala destinada para el en un club de baile, y le
pregunta irónico a los comensales "¿No
dejan que mi amiga se siente un minuto aquí?
Está muerta".
James Bond volvió en 1967
con Sólo se vive dos veces, filmada
mayoritariamente en Japón y dirigida por Lewis
Gilbert, conocido en la época por dirigir la
versión original de Alfie. En el film,
Bond desarrolla con más verborragia su humor,
evidenciando la confianza de un Sean Connery que
ya se encuentra establecido en su rol, factores
demostrados cuando prueba un trago de vodka tras
vencer a un fornido guardaespaldas, y descubre
sorprendido que había probado "vodka
siamesa". Asimismo, comentará que la
eficiencia del Servicio Secreto Japonés es
"sólo una gota en el océano" cuando
el Tigre Tanaka, directivo de la organización,
arroja al mar, con la ayuda de un imán, un
automóvil que perseguía a Bond. Además, osa
burlar a Ernst Stavro Blofeld cuando, cual
Macbeth, el villano dice que su fallido plan es
"inexpugnable". Otros agentes de
SPECTRE son también víctimas del humor de Bond,
como la sensual pelirroja Helga Brandt, que al
capturarlo le dice "Te tengo en mi
poder". Respuesta de Bond:
"Aprovéchate". La recompensa de Helga,
una fuerte cachetada, la primera que 007 recibe
de una mujer.
 |
Los
"ángeles de la muerte" de
Blofeld se divierten con Bond en la
única participación de George Lazenby, Al
Servicio Secreto de Su Majestad
(1969) |
Al Servicio Secreto de
Su Majestad fue el film de James Bond que
cerró la década del '60, llevándose también
su humor. Protagonizada por George Lazenby, dada
la ausencia de Connery, la caracterización de
Bond fue menos aventurera y más emocional,
siguiendo muy estrictamente la homónima novela
que Ian Fleming escribió en 1963. Lazenby
recordó décadas después del film que los
productores y el director, Peter Hunt, le habían
aconsejado replicar lo mejor del humor de Sean
Connery. Así vemos a 007 pasándole factura al
cuerpo inconsciente de un matón negro que
venció en un combate en el cuarto de un hotel,
que acabó destrozado: "Rompepuertas. Tú te
encargarás de limpiar el desorden", dirá
antes de identificar con su paladar el caviar
Beluga que fue enviado al cuarto. Indirectamente
se burlará de la obesa Irma Bunt, secretaria de
Blofeld, al decir que el orígen de su apellido
es "la parte más hinchada de una
embarcación". Haciéndose pasar por un
heraldo asexual para infiltrar la fortaleza de
Blofeld en los alpes, donde se internan jóvenes
bellezas de todo el mundo, le dice a cada una, al
momento de intimar, que normalmente no le gustan
las mujeres, pero ella es una excepción. El
verdadero objetivo de éste Bond, en realidad, es
sacarles información (y algo más) sobre las
actividades del lugar.
Dado que Al Servicio
Secreto de Su Majestad falló en
comparación con otros films de la serie en
cuanto a ingresos económicos, los productores
decidieron llevar a la pantalla un film a la
altura de Goldfinger, por lo que se
llamó nuevamente a Guy Hamilton para dirigir y
se le pagó una fortuna estrafalaria a Sean
Connery para volver al rol de James Bond en Los
diamantes son eternos, estrenada el 30 de
diciembre de 1971. Contando en el guión con Tom
Mankewicz (en colaboración con el habitual
Richard Maibaum), el film tenía tintes de humor
muy americanizados (el film se rodó en su
mayoría en Estados Unidos). El propio M se
atreve a burlar a Bond: "Funcionamos en su
ausencia, Comandante", le recrimina
connotando la fugaz participación de George
Lazenby. El propio villano Blofeld, que en los
dos films anteriores interpretaron actores fríos
y amenazadores como Donald Pleasence y Telly
Savalas, esta vez fue interpretado por un
simpático Charles Gray, asistido por los no
menos cómicos sicarios homosexuales Wint y Kidd.
El propio Bond hace unos cuantos chistes
sexuales: "Me alegra esa nada que te
pusiste. La apruebo", le dice a Tiffany Case
cuando se aparece con una negligée negra muy
transparente. Un comentario igual de atrevido le
hace a Plenty O'Toole cuando ella se presenta en
el casino. "Seguro que lo eres", le
dice al mirar el escote de su vestido violeta en
referencia al significado de su nombre
("plenty" significa, en inglés,
"abundante"). Un poco después, tras un
interludio romántico con la muchacha, Bond se ve
amenazado por tres gángsters, a lo que comenta:
"Me agarraron con algo más que las manos en
alto".
|
Ernst
Stavro Blofeld y sus dobles en Los
diamantes son eternos (1971) |
 |
En estos nueve años de
vida que James Bond tuvo desde 1962 hasta 1971,
el humor ha mutado desde un par de frases
irónicas, a veces con matices de humor negro, a
un humor sexual que podía haberse llegado a dar
en una película de Olmedo y Porcel. Pero desde
1973, el humor se elevaría al máximo exponente,
porque sin duda alguna, en el país de los Bonds
cómicos, Roger Moore es el rey.
Ni bien terminan los
títulos de crédito de Vivir y dejar morir,
el Bond se encuentra en la cama con una hermosa
agente italiana que desertó con el tras
completar la misión. Recibe sorpresivamente la
visita de M y Moneypenny, y evita todo el tiempo
que su superior llegua a acercarse al armario,
donde la joven está escondida.
No mucho después, Bond le
sigue la pista a Mr Big en Nueva York, donde
abundan situaciones hilarantes: el matón Tee
Hee, que destroza la Walther PPK de 007 con su
garfio metálico, el propio lider de los
gángsters que le dice a Bond que "los
nombres son para las lápidas", cuando el
agente está a punto de presentarse ante él, y
el agente de la CIA Harold Strutter, que observa
que Bond lleva un "ingenioso disfraz":
ser blanco en Harlem.
Moore resulta más gracioso
cuando se encuentra abandonado en un pequeño
islote rodeado de cocodrilos, y se escapa de
ellos caricaturescamente, saltando sobre sus
cabezas. Los villanos también son graciosos: el
histriónico Barón Samedi diciéndole a Bond y
Solitaire "hoy será un día
maravilloso", antes de delatarlos, y el
ridículo y fanfarrón Sheriff Pepper, que llama
a Bond una "máquina del día del juicio
final" antes de intentar arrestarlo, cuando
007, huyendo de los secuaces del villano, causó
un revuelo en los pantanos de Luisiana.
 |
Roger
Moore como James Bond adopta métodos
hogareños para vencer a las serpientes
invasoras en Vivir y
dejar morir (1973) |
La muerte del propio Dr
Kananga, villano principal del film, es
estrafalaria comparada a las de otros villanos:
se traga una bala explosiva inventada por Q que
lo hace hicharse y estallar por los aires. Para
éste James Bond, Kananga tenía "una
opinión muy inflada de sí mismo".
Las aventureras historias
de Roger Moore como James Bond continuaron en El
Hombre del Revólver de Oro, de 1974,
último aporte de Guy Hamilton en la franquicia,
con un cómico Christopher Lee en el rol del
refinado matón a sueldo Francisco Scaramanga,
con su graciosísimo sirviente Nick Nack, que
trata a su amo como Cato al Inspector Clouseau en
los films de La Pantera Rosa. En esta aventura
regresa el Sheriff Pepper que se queja una y otra
vez de los ciudadanos tailandeses, hasta el punto
de ser arrojado a los klongs (canales)
por un elefante furioso, y Bond comete alguna que
otra torpeza (se traga una bala de oro, talismán
de una bailarina libanesa, cuando besaba su
vientre), y ni hablar de las extremas ridiculeces
de la agente Mary Goodnight que interpreta Britt
Ekland. Pero si mencionamos a las mujeres de Bond
en su novena aventura fílmica, no podemos dejar
de lado el polisémico nombre humorístico de la
muchacha oriental que 007 descubre nadando en la
pileta de la mansión de Hai Fat: Chew Me
("Muérdeme" o "Chúpame").
El humor en que venía en crescendo
desde 1971 fue obra particularmente de Guy
Hamilton y el guionista Tom Mankewicz, pero desde
1977 -en vista de la no tan exitosa acogida de El
hombre del revólver de oro-, el tono
hilarante fue decreciendo. Aunque el humor
seguiría siendo el grueso de estos films de
James Bond, este humor no tendría un enfoque tan
ridículo como el de los primeros dos films de
Moore.
|
James
Bond y Anya Amasova (momentáneamente) no
se entienden en La
espía que me amó (1977). |
 |
Para dirigir las dos
siguentes aventuras de Bond, La espía que me
amó (1977) y Moonraker (1979), se
contrató a Lewis Gilbert una vez más para
dirigir y se buscó un guionista que traería
aires renovadores muy efectivos: Christopher
Wood. En La espía que me amó, Moore
despacha a una muchacha fríamente diciendo que
"Inglaterra también" lo necesita.
También, la ácida y adolescente rivalidad entre
007 y Anya Amasova, la espía rusa interpretada
por Barbara Bach, que compite y a la vez se alía
con él, le da una brillante chispa a la
caracterización de estos personajes. Basta ver
la competencia entre ambos ante la vista de sus
jefes intentando descifrar un rastro accidental
en un microfilm, o la fabulosa burla que Bond le
hace cuando vence ante sus ojos a los matones que
ella contrató para atacarlo: "Espero que
hayas disfrutado el espectáculo. Buenas
noches". Roger Moore se permite el lujo de
despedirse de esta décima aventura de la saga
diciendo: "Tengo el pabellon inglés en
alto", cuando es sorprendido por sus
superiores en la cama con Anya.
Moonraker nos
presenta un atentado contra la vida de James Bond
perpetuado por Hugo Drax, cuando el villano
cordialmente lo invita a cazar perdices. Un
hombre de confianza está apostado en un arbol,
listo para dispararle a un 007 concentrado en
cazar in ave. Pero Bond se da cuenta del secuaz
que lo acecha y le dispara. "Falló, Sr.
Bond", comenta Drax. "¿En serio?"
-responde Bond con ironía- "Como usted
dice... '¡Qué buen deporte'". No menos
hilarante es la persecución sobre los canales
venecianos donde Bond, con su góndola motorizada
y -para sorpresa de los espectadores y ciudadanos
italianos - anfibia, escapa de los secuaces de
Drax, uno de los cuales se oculta en un ataúd
transportado en una embarcación fúnebre.
 |
Jaws
vuelve a hacer de las suyas en Moonraker
(1979). |
Pero lo que jamás se
podrá obviar si uno habla de estas dos aventuras
es que en ambas aparece Jaws (Mandíbulas), el
gigante de 2,20 metros de altura, que le hace la
vida imposible a 007 con sus dientes de acero
inoxidable. El personaje de Richard Kiel, que por
un lado parece amenazador, comete más de una
torpeza como arrojarse una roca en su propio pie,
o destrozar la correa de su paracaídas por su
descomunal fuerza. Aún así, de manera
inesperada, Bond comete dos veces la estupidez de
golpearlo en sus dientes, sufriendo un gran dolor
en sus nudillos.
El productor Albert R
Broccoli, a cargo de la producción de los films
tras la renuncia de Harry Saltzman en 1974, optó
por una línea más seria a seguir en las
próximas aventuras, por eso sentó en la silla
de director a John Glen, veterano en el equipo
técnico de la serie, y a su hijastro Michael G
Wilson, asistido por Richard Maibaum, le dió la
tarea de guionar el film número doce de la
serie, Sólo para sus ojos.
Bond comienza el film
vengando la muerte de su esposa Tracy, arrojándo
a un supuesto Blofeld.. "¡Bájeme!",
suplica el villano cuya silla de ruedas está
empalada en el tren de aterrizaje del
helicóptero de Bond. "¿Quieres
bajarte?" - pregunta Bond retóricamente. Y
deja caer al megalómano por una chimenea
industrial, mientras se oye su grito: "¡Sr
Booond!". Una manera poco seria de
deshacerse de alguien que ha destruido cruelmente
el futuro del as de los espías.
Mientras espía a Hector
González, un matón cubano responsable del
asesinato del espía ingles Timothy Havelock y su
esposa Iona, 007 es descubierto, pero se escapa
gracias a la ayuda de Melina, hija del difunto.
Como el Lotus de 007 vuela por los aires (gracias
a un matón que ignoró la calcomanía de
"Protegido contra robos"), el agente no
tiene otro remedio que huir en el coche de la
mujer, un Citroen 2 CV venido a menos.
Los comentarios ácidos de
Bond no cesan, especialmente cuando arroja a
Locque por un acantilado, mientras su automóvil
está en la cornisa. "Le tenía temor a las
alturas", observa 007 cuando sus aliados
observan el cadáver del hombre, junto a su
destrozado Mercedes Benz.
Algunos personajes, como la
patinadora adolescente Bibi Dahl, ayudan para
hacer ver a Bond como un verdadero "viejo
verde" dada la edad de Moore y los consejos
paternalistas que le da a la joven por su
liertinaje sexual.
|
En
Octopussy,
Bond se disfraza de payaso para
desactivar una bomba oculta en un circo. |
 |
Pero es en la decimotercera
aventura de la serie, Octopussy (1983),
donde el humor de Roger Moore ya se va por la
borda: en su afán por desactivar un explosivo en
la Base Aérea de Belfast, donde se lleva a cabo
una presentación del Circo de Octopussy, Bond se
disfraza de payaso para desactivar la bomba
oculta bajo el cañón desde donde deberá
arrojarse "Francisco the Fearless"
(Francisco el Intrépido), uno de los acróbatas.
También, para ocultarse en el tren que
transporta a los acróbatas hasta el circo, se
disfraza de mono.
En la misma aventura, Bond
se justifica en vano ante el Coronel Luis Toro,
un oficial cubano que descubre lo descubre
haciéndose pasar por él: "¡Qué pequeño
es el mundo! ¡Tú tambien te llamas Toro!".
No mucho después se escapa de los guardias que
lo apresan en un camión, haciendo funcionar sus
paracaídas mentras ellos se deleitan observando
los atributos de Bianca, colaboradora de Bond.
Y 007 se burla del villano
Kamal Khan cuando le gana al Backgammon al
robarle sus dados tramposos. "Es cuestión
de muñeca", dice Bond irónicamente
mientras el peligroso Gobinda, demostrando su
poder, convierte los dados en arena ante los
sorprendidos ojos de James Bond.
La última participación
de Roger Moore en la serie fue En la mira de
los asesinos (1985), donde las hilarantes
vivencias de James Bond son en parte
interrumpidas por la crueldad del psicópata Max
Zorin que interpreta maravillosamente Christopher
Walken. A modo de autoparodia, Bond inútilmente
cree que al presentarse como "Bond, James
Bond" ante un sheriff evitará ser
arrestado. Pero el gordoinflón comisario
replicará "Y yo soy Dick Tracy, y sigues
bajo arresto", por lo que recibe un
chapuzón de agua gatillada desde el camión de
bomberos por donde pronto huirá 007 y su
cómplice, Stacey Sutton, tan torpe como hace
once años lo había sido Mary Goodnight.
 |
Timothy
Dalton como James Bond y Maryam d'Abo
como Kara Milovy escapan usando la funda
de un violonchelo en Su
nombre es peligro
(1987) |
Lamentablemente, hay
ocasiones donde Bond vuelve a actuar con torpeza:
continúa disparándole a los matones que asaltan
la casa de Stacey, aún a sabiendas que la
escopeta sólo dispara sal gruesa. Y no olvidemos
cuando Bond escapa de la KGB en Siberia haciendo
snowboard, lo que no tiene nada de ridículo,
excepto porque la persecusión tiene como cortina
musical el tema "California Girls" de
los Beach Boys.
John Glen, Richard Maibaum
y Michael G Wilson continuarían en sus
respectivos roles para 1987, cuando se estrenó Su
Nombre es Peligro, sólo que esta vez
debieron adecuar la historia para un nuevo James
Bond: Timothy Dalton.
Dalton es la antítesis de
Roger Moore: un Bond "fleminguesco",
muy alejado de las situaciones disparatadas. En
sus dos films, Su Nombre es Peligro y Licencia
para Matar (1989), abundan respectivamente
situaciones románticas (la relación entre Bond
y Kara) o dramáticas (el feroz ataque a Felix
Leiter). Aún así, queda un espacio para un
humor, efectuado más a través de la acción que
de las palabras.
En Su Nombre es Peligro,
Bond asiste a Georgi Koskov, desertor de la KGB,
a huir por un oleoducto desde Checoslovaquia
hasta Austria. El simpático General, preocupado,
le pregunta a 007 cuántas veces ensayaron el
medio de transporte. "Eres el primero",
contesta Bond mientras encierra al hombre en la
plataforma que se conduce por el ducto.
La escena donde James Bond
y Kara Milovy, novia de Koskov, escapan por una
nevada Bratislava a la frontera austríaca en el
Aston Martin V8 contiene muchas situaciones
cómicas: 007 destruyendo el chásis de un
patrullero con ayuda del láser que Q instaló en
las llantas del Aston Martin ("Corrosión
salina" - le explica Bond a una sorprendida
Kara), Bond perforando el hielo con el filo de
sus llantas para que otro patrullero se hunda, o
la pareja escapándose de la policía usando la
funda de un Stradivarius como trineo después de
que 007 haya activado el mecanismo de
autodestrucción de su automóvil.
|
007,
interpretado por Timothy Dalton, captura
a Franz Sánchez de una manera poco
casual en Licencia
para matar (1989) |
 |
Gags de este estilo se
escabullen en el tétrico argumento de Licencia
para Matar, como cuando Bond captura al
narcotraficante Franz Sánchez enganchando su
aeroplano Cessna a un helicóptero de los
Guardias Costeros en Miami, o cuando James Bond
arroja de un biplano a un secuaz accionando la
palanca para soltar la puerta ante una
emergencia. En esa misma escena, 007 se permite
revolear por los aires un enorme fajo de dólares
provenientes del narcotráfico. Y, contemplando
el cadáver de Heller, jefe de seguirdad de
Sánchez, empalado en una leventadora, comenta
ásperamente: "Llegó a un camino sin
salida". Al final de la aventura, Timothy
Dalton despide a su James Bond con uno de los
actos más cómicos realizados en sus dos
aventuras: arrojarse, vestido de smoking, a una
pileta de natación para llamar la atención de
Pam Bouvier.
Cuando Pierce Brosnan
llegó al rol de James Bond en GoldenEye,
estrenada el 17 de noviembre de 1995, cambiaron
muchos integrantes del equipo técnico de la
serie: Michael G Wilson pasó a producir el film
junto a Barbara Broccoli, hija del productor que
se retiró dado su delicado estado de salud; el
neozelandés Martin Campbell dirigió la primera
de sus dos aventuras de Bond, y el guión estuvo
a cargo de Michael France, Jeffrey Caine y Bruce
Feirstein.
El quinto Bond tiene las
características humorísticas de Roger Moore,
conservando la discreción e ironía de Sean
Connery. Irrumpe a un soldado soviético en el
baño, diciéndole "Disculpe. Olvidé
golpear", para después noquearlo. Se burla
de las advertencias del entonces Coronel Ourumov:
"¡Qué original!", musita mientras el
oficial le advierte a él y a su colega 006 que
salgan con las manos sobre la cabeza. Y es visto
por su nueva jefa, la señora M, como un
"dinosaurio sexista y misógino".
 |
En
GoldenEye (1995),
el mismo Q sorprende a Bond con su yeso
lanzamisiles. |
Considerará, también, que
la interrogación es "un arte perdido"
por los rusos, y le admite a Xenia Onatopp que
visitaba Rusia ocasionalmente: "Entraba y
salía a los tiros", y se ajusta la corbata
después de haber destrozado medio San
Petersburgo tras una acalorada persecusión
usando un tanque de guerra.
Los villanos de GoldenEye
tienen una aportan una gran cuota de humor en la
historia. El altanero Boris Grishenko grita
fuertemente "¡Soy invencible!" tras
hackear el sitio web del FBI, y el traicionero
Alec Trevelyan describe el funeral de Bond como
un evento "al que asisitirán unos
restauranteros, y la señorita Moneypenny".
Los colaboradores de Bond también causan risas
entre la audiencia, como el ordinario Jack Wade
(con una rosa tatuada en sus glúteos) y el
traficante de armas Valentín Zukovsky, que
insulta a su amante Irina e intenta dispararle a
Bond en la entrepierna en venganza por su cojera,
causada por 007 en una misión previa.
El humor del Bond de
Brosnan se volvió más pochoclero gracias al
exceso de pircotecnia de su segundo film, El
Mañana nunca muere, de 1997. Dirigida por
Roger Spottiswoode (experto en mezclar acción y
comedia como demostró en ¡Para, o mi mamá
dispara!) y acreditado como único guionista
Bruce Feirstein, el film nos daba buenos momentos
humorísticos tanto gráficos como
lingüísticos.
Destacan las discusiones
entre M y el Almirante Roebuck (Judi Dench y
Geoffrey Palmer, que trabajaron juntos en la
telenovela inglesa As time goes by),
donde el oficial le dice a la jefa del MI6 que
"no tiene las bolas para este trabajo".
Ella, desafiante, responde "Tal vez, pero yo
no las necesito para pensar".
|
007
prueba la lancha de Q en El
mundo no basta
(1999), y descubre que también puede
funcionar en tierra firme. |
 |
Moneypenny se permite
decirle a James que decida "cuál será el
método de extracción necesario" para
sacarle información a Paris Carver, antigua
amante suya y ahora señora de Elliot Carver,
lider de las comunicaciones y villano principal
del film, interpretado con gran carisma y
teatralidad por el genial Johnatan Pryce (Perón
en el film Evita de Alan Parker), que
constituye uno de los grandes aportes
humorísticos del film.
La química entre Brosnan y
su contraparte femenina, Michelle Yeoh, que
interpreta a la agente china Wai Lin, está
también cargada de momentos cómicos, no tan
explícitos, pero muy evocadores a la relación
Moore/Bach de 1977. Ella lo acusa a Bond de ser
un espía corrupto y decadende, a lo que él
responde: "Tienes al mejor agente occidental
decadente y corrupto como compañero".
Advierte a Stamper, secuaz de Carver: "Nunca
discutas con una mujer. Siempre tienen
razón", cuando el alemán tiene de rehén a
Wai Lin en las escenas finales.
El humor de El Mañana
nunca muere es un estilo Jackie Chan, con
escenas de artes marciales orientales y Michelle
Yeoh burlándose de Bond con su sofisticada forma
de huir de sus enemigos. El agente 007
protagoniza algunos gags, como quemarse al tocar
la estatua de un dragón que vomita fuego. Sin
embargo, el que se roba el film en terminos de
humor es el histriónico Elliot Carver.
Bruce Feirstein se unió,
en 1999, al dúo Neal Purvis y Robert Wade para
escribir El mundo no basta, tercer film
de Pierce Brosnan como James Bond dirigido por
Michael Apted.
Los lazos dramáticos que
atan a Elektra King, la heredera petrolera que
encarna Sophie Marceau, con M, el terrorista
Renard y el propio Bond, traen a la trama tintes
de seriedad que alejan un poco al humor bondiano.
No hay demasiada verborragia por parte de
Brosnan, que se contenta más con usar los lentes
de rayos x de Q (última aparición de Llewelyn)
para ver la ropa interior de las mujeres en el
casino de Valentin Zukovsky. Bromea un poco con
el nombre del personaje de Denise Richards,
Christmas (Navidad), y se divierte llevándose a
la cama a la Dra. Molly Warmflesh, del MI6.
Pero Bond está demasiado
tenso en esta aventura, donde se involucra
sentimentalmente con Elektra, amenazada por
Renard. El humor, por ende, abunda más en
personajes como Zukovsky ("En tu lugar,
pensaría dos veces antes de unirme a un tipo
así", le dice a Christmas cuando 007 lo
amenaza), o en la torpeza de R, asistente de Q
interpretado por John Cleese (se queda encerrado
en el airbag oculto en la campera de Bond).
James Bond no volvería
hasta 2002, cuando Neal Purvis y Robert Wade
escribieron Otro día para morir, que
dirigió Lee Tamahori.
Al igual que el film
anterior, el vigésimo film de 007 tiene un
trasfondo dramático: Bond es delatado en una
misión en Corea del Norte, es capturado por casi
un año y es despedido por ser considerado un
estorbo por los Estados Unidos, que influían
mucho sobre las desiciones del MI6.
Pierce Brosnan, en su
última participación es "desafiante hasta
el final", como bien lo describe el General
Moon, quien lo captura. Tras catorce meses de
rodearse de escorpiones, ser sumergido en agua
helada, o aporreado por soldados norcoreanos, le
dice a Moon: "Quéjese con el
concerje", cuando el militar no se mostraba
de acuerdo con los métodos utilizados.
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La
escena de la tortura de Casino
Royale (2006),
provoca risas entre la audiencia gracias
a la buena actuación de Craig y a las
reacciones de Bond, |
Al huir del hospital
flotante del MI6, que lo transportaba a su
forzado retiro en las Malvinas, le dice
libremente a los médicos: "Me doy de
alta", y, observando a la joven médica que
le practicó respiración boca a boca minutos
antes, le sonríe sentenciando: "Gracias por
el beso de la vida".
Produce risas cuando golpea
a un buscapleitos y lo sienta inconsciente en una
silla de ruedas para ingresar a una clínica
cubana donde se aloja Zao, uno de sus enemigos. Y
no nos olvidemos cuando, en un palacio construido
con hielo, pide un vaso de vodka, "con mucho
hielo, si te sobra". Destaca también el
momento en que le dice a Zao, con su cara
incrustada de diamantes, que extrañaba su
"rutilante personalidad". El chiste es
recompensado con un fuerte golpe en el estómago.
¿Y Halle Berry? Su
personaje de Jinx hace suficientes estupideces
como para ser visto como un inconsciente punto de
vista humorístico del Bond 20, como fallar una y
otra vez en su misión y ser salvada por Bond en
el último minuto.
La búsqueda de un nuevo
actor, director, y enfoque necesario para un
nuevo film de Bond llevó casi cuatro años. A
principios de 2005, Martin Campbell fue
contratado para dirigir Casino Royale,
la vigesimoprimer aventura de James Bond. En
octubre del mismo año se eligió a Daniel Craig
como sucesor de Brosnan. El guión, que remontaba
a la primer misión de Bond como 007, fue escrito
por Neal Purvis y Robert Wade, en colaboración
con el ganador del Oscar, Paul Haggis.
Craig posee un humor muy
"daltoniano". Es un Bond de pocas
palabras y sonrisa difícil. Hay algunas buenas
ironías a lo Connery en Casino Royale:
"No pensarás volver ahí" -dice
Vesper, preocupada por el atentado a la vida de
Bond en el torneo de póker- "Ni
soñarlo", contesta Bond mientras vueve a
enfrentar a Le Chiffre en la mesa de juego; o
cuando 007 vence a Dimitrios, que pierde su Aston
Martin DB5 en la mesa de póker del Ocean Club,
que le recuerda: "Ah, el boleto del
estacionamiento"., pero Craig se mantiene
más humor en las acciones: se queda congelado
por la derrota, sentado en la mesa después de
perder una importante apuesta contra Le Chiffre.
También, a este Bond no le
importa cómo le sirven el Martini: "¿Te
parece que me importa?"- dice enojado cuando
el mozo le pregunta si lo quiere agitado o
revuelto. El motivo del enojo es, en realidad, la
negación de Vesper de proveerle el dinero de la
tesorería para volver a apostar contra su rival.
Pero una de las
genialidades de Daniel Craig, ayudado por los
guionistas y muy especialmente por el director
Martin Campbell, es convertir la espeluznante
escena de tortura de la novela original (Bond
golpeado en los testículos por Le Chiffre con
una soga), en un momento cómico cuando 007 se
burla de su torturador: "El mundo entero
sabrá que moriste rascándome las bolas",
se ríe Bond tras soportar unos cuantos golpes.
"¡No, no, no! Más la derecha, a la
derecha", se burla el agente. El elogio
viene también de parte de Le Chiffre: "Es
usted un hombre gracioso, Sr. Bond".
"Creí que un
terrorista menos sería algo bueno", se
justifica este nuevo 007 ante M cuando ella le
recrimina haber matado a Mollaka, un terrorista a
quien Bond debía capturar. No menos respetuoso
es 007 con su jefa cuando persigue a otro
terrorista en el Aeropuerto Internacional de
Miami, a quien la llama, primero, para darle un
mensaje urgente y luego, al resolver lo que
necesitaba, le corta con un frívolo "La
llamaré de vuelta". Minutos después se
repite una ocasión similar donde el
desinteresado Bond contesta "Tengo que
irme".
La trágica resolución del
amorío entre Bond y Vesper en Casino Royale
nos trae un argumento más dramático en el film
de 2008, Quantum of Solace. Craig
Mitchell, el traidor guardaespaldas de M, permite
que el siniestro Mr White (altivo miembro de la
organización que corrompió a Vesper), escape.
Bond sigue a Mitchell por la ciudad de Siena en
Italia,y terminada la persecución lo mata.
"¡Tuviste que matarlo!" -reprocha M a
su agente, esperando que lo haya capturado para
interrogarlo.
En Puerto Príncipe,
capital de Haití, Bond vuelve a matar a otro de
sus enemigos, Edmund Slate. "¿Qué pasó
con Slate?" -interroga M. La respuesta de
Bond es muy similar a una frase que Dalton usó
en Licencia para Matar: "Slate
llegó a un callejón sin salida". Más
tarde, Bond le dirá a M, despreocupado, "No
vivo en el pasado, señora, y usted tampoco
debería".
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James
Bond envía a Slate a un "callejón
sin salida" en Quantum
of Solace (2008) |
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"Cuando camines 20
kilómetros pensarás en tomarte ésto", le
dice 007 a su enemigo Dominic Greene antes de
abandonarlo en medio desierto, mientras le arroja
una botella de... aceite de auto. El primer
encuentro entre Bond y el personaje de Olga
Kurylenko, Camille, causa algunas risas. Tras
huir del Ford Ka que ella conducía mientras le
intentaba disparar, comentará, "Eso no
estuvo bueno". El charlatán taxista
boliviano que transporta a Bond, Mathis y Fields
al hotel es un punto muy cómico de la película,
así como cuando Craig dice una frase en
castellano con su mejor esfuerzo: "Hola,
somos maestros en año sabático, nos ganamos la
lotería", a modo de justificar su
inscripción en un hotel cinco estrellas.
Pero un aplauso que sí
merece la mediocre dirección de Marc Forster es
cuando Bond infiltra las comunicaciones entre
Greene y sus secuaces durante una presentación
de Tosca en la ópera de Bregenz,
Austria. Usando el auricular con el que todos
dialogan, Bond se permite una ironía muy
cómica: "¿Puedo opinar? Creo que ustedes
tendrían que encontrar un mejor lugar para
reunirse". Resultado: Greene y sus hombres
huyen del lugra y Bond puede fotografiarlos con
su cámara del celular.
Irónico, verborrágico,
audaz, e inteligente son cualidades del humor de
James Bond que se mantiene en las aventuras,
adaptándose siempre al carácter de su
protagonista. La serie fílmica se acerca al
medio siglo de existencia y la licencia para
matar, estremecer, seducir y divertir de James
Bond es tan eterna como los diamantes.
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