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Si hay algo de lo que un film de acción no puede prescindir es algún toque de humor. Cualquier obra cinematográfica con escenas de riesgo que se precie por lo general tiene toques humorísticos, usados muchas veces con el objeto de relajar la tensión del espectador, con un humor oral o gráfico.

Cuando los ejemplares de Casino Royale se dejaron ver en las librerías londinenses el 13 de abril de 1953, aquellos intelectuales que pagaban un par de libras esterlinas por la ópera prima de Ian Fleming, espía devenido en autor, se encontraron con una novela corta, oscura, violenta, y a su vez entretenida, cargada de acción. La obra estaba dotada por un ambiente dramático en medio de un clima elegante, en situaciones de la buena vida. Tan fuerte eran las dramáticas vivencias de James Bond en la novela que no daban lugar a risas en el espectador. Las siguientes novelas del autor británico tuvieron algunos leves matices más humorísticos, como se ve en los ribetes racistas en Vivir y dejar morir (1954), los insultos de Bond a Hugo Drax en Moonraker (1955), defectos físiscos de los villanos en Los diamantes son eternos (1956), y acusar de sucios a los ciudadanos rusos en De Rusia con amor (1957).

A principios de los sesenta, el proceso de llevar a Bond al cine comenzaba a concretarse, gracias a la sociedad del canadiense Harry Saltzman y el norteamericano Albert R Broccoli, que, junto con la distribuidora United Artists estrenaron en octubre de 1962 la primer aventura cinematográfica de James Bond, Dr. No, cuyo papel estelar protagonizaría Sean Connery.

. Combate entre Bond y el Sr. Jones en Dr No (1962)

La producción fue dirigida por el británico Terence Young, encargado de refinar a Connery para que fuera "adecuado" en el papel, dado la inseguridad de Fleming en el actor escocés. Young aconsejó a Connery recurrir a la ironía, a ser impasible al lanzar frases ácidas, y a transmitir a la audiencia un humor visual y discreto, sin exagerar de el ni abandonar la dureza y la frialdad ante la inescrupulosa labor de un agente doble cero del servicio secreto de Su Majestad británica.

Así, en Dr. No, Bond cambia el carácter de su vuelo a Jamaica de "inmediato" a "casi inmediato" cuando Sylvia Trench se cuela en su departamento, le advierte a un guardia de la casa de gobierno jamaiquina que se "asegure que no se escape" el cadáver de un enemigo que había enfrentado, y hasta le dice al villano del título que antes que unirse a su organización se uniría al departamento de venganza.

Terence Young volvió a dirigir la segunda aventura fílmica de 007, De Rusia con Amor (1963). Volvió Sean Connery con su sigilosa gracia: le dice a Moneypenny que está "revisando un viejo caso" mientras está de picnic con Sylvia Trench, piensa que Rosa Klebb "metió la pata" al querer matarlo con una navaja envenenada en la punta de su zapato, y le pregunta a un triunfante Red Grant "¿De qué manicomio te sacaron?".

El humor de Bond se volvió más gráfico y esplendoroso en la aventura número tres de la serie, Goldfinger, dirigida esta vez por Guy Hamilton, un director mucho más abierto al humor que Young, que permitió que Bond, tras electrocutar a un matón, comentara fríamente: "Chocante, definitivamente chocante". La frivolidad de Bond al laborioso trabajo del armero Q, y la furia de éste por la destrucción de sus inventos tras ser usados por el agente, establecieron el patron de la relación Bond/Q por los siguientes años. Las provocaciones al villano Auric Goldfinger ("Ya veo, le molesta que no le de la revancha" - le dice Bond cuando su enemigo lo amenaza tras perder el partido de golf) y las insinuaciones a Pussy Galore ("Tenemos que practicar unas caídas juntos" - comenta cuando ella lo ataca mientras Bond espía a Goldfinger), junto con el humor gráfico (el asiento eyector del Aston Martin; una anciana que dispara una ametralladora contra el automóvil de Bond; y las sonrisas del agente al guardia coreano que lo apresa), constituyeron la impronta de este agente secreto sesentista, que tres décadas después sería el leit motiv que parodiaría Austin Powers, el cómico espía interpretado por Mike Myers.

007 y Pussy Galore, poco antes de practicar "unas caídas juntos" en Goldfinger (1964)

"Espera a que conozcas mis dientes", musita 007 cuando la bella Domino elogia su aguileña mirada en Operación Trueno, dirigida nuevamente por Terence Young en 1965. El guión del film mantiene las líneas de tensión y dramatismo propias del director británico, pero parece haberse influenciado sin duda alguna por las olas de humor del film anterior, que dirigió Hamilton y supuso el gran salto a la fama de la serie. En el film aparecen más situaciones humorísticas propias de Connery: arrojarle al cadáver de Jacques Bouvar flores tras eliminarlo, burlarse de un tiburon tras zafar de sus mandíbulas, con el comentario de "Lo siento, viejo. Mejor suerte la próxima", y decirle a Emilio Largo que no sabe de escopetas, "pero sí un poco de mujeres", tras observar que su escopeta es apropiada para una mujer. Y le dice a Patricia Fearing que "estaba haciendo un poco de ejercicio" cuando se deshace de un agente de SPECTRE en el sanatorio Shrublands. Pero lo que es imposible olvidar es cuando sienta el cuerpo muerto de Fiona Volpe, que recibe una bala destinada para el en un club de baile, y le pregunta irónico a los comensales "¿No dejan que mi amiga se siente un minuto aquí? Está muerta".

James Bond volvió en 1967 con Sólo se vive dos veces, filmada mayoritariamente en Japón y dirigida por Lewis Gilbert, conocido en la época por dirigir la versión original de Alfie. En el film, Bond desarrolla con más verborragia su humor, evidenciando la confianza de un Sean Connery que ya se encuentra establecido en su rol, factores demostrados cuando prueba un trago de vodka tras vencer a un fornido guardaespaldas, y descubre sorprendido que había probado "vodka siamesa". Asimismo, comentará que la eficiencia del Servicio Secreto Japonés es "sólo una gota en el océano" cuando el Tigre Tanaka, directivo de la organización, arroja al mar, con la ayuda de un imán, un automóvil que perseguía a Bond. Además, osa burlar a Ernst Stavro Blofeld cuando, cual Macbeth, el villano dice que su fallido plan es "inexpugnable". Otros agentes de SPECTRE son también víctimas del humor de Bond, como la sensual pelirroja Helga Brandt, que al capturarlo le dice "Te tengo en mi poder". Respuesta de Bond: "Aprovéchate". La recompensa de Helga, una fuerte cachetada, la primera que 007 recibe de una mujer.

 

Los "ángeles de la muerte" de Blofeld se divierten con Bond en la única participación de George Lazenby, Al Servicio Secreto de Su Majestad (1969)

Al Servicio Secreto de Su Majestad fue el film de James Bond que cerró la década del '60, llevándose también su humor. Protagonizada por George Lazenby, dada la ausencia de Connery, la caracterización de Bond fue menos aventurera y más emocional, siguiendo muy estrictamente la homónima novela que Ian Fleming escribió en 1963. Lazenby recordó décadas después del film que los productores y el director, Peter Hunt, le habían aconsejado replicar lo mejor del humor de Sean Connery. Así vemos a 007 pasándole factura al cuerpo inconsciente de un matón negro que venció en un combate en el cuarto de un hotel, que acabó destrozado: "Rompepuertas. Tú te encargarás de limpiar el desorden", dirá antes de identificar con su paladar el caviar Beluga que fue enviado al cuarto. Indirectamente se burlará de la obesa Irma Bunt, secretaria de Blofeld, al decir que el orígen de su apellido es "la parte más hinchada de una embarcación". Haciéndose pasar por un heraldo asexual para infiltrar la fortaleza de Blofeld en los alpes, donde se internan jóvenes bellezas de todo el mundo, le dice a cada una, al momento de intimar, que normalmente no le gustan las mujeres, pero ella es una excepción. El verdadero objetivo de éste Bond, en realidad, es sacarles información (y algo más) sobre las actividades del lugar.

Dado que Al Servicio Secreto de Su Majestad falló en comparación con otros films de la serie en cuanto a ingresos económicos, los productores decidieron llevar a la pantalla un film a la altura de Goldfinger, por lo que se llamó nuevamente a Guy Hamilton para dirigir y se le pagó una fortuna estrafalaria a Sean Connery para volver al rol de James Bond en Los diamantes son eternos, estrenada el 30 de diciembre de 1971. Contando en el guión con Tom Mankewicz (en colaboración con el habitual Richard Maibaum), el film tenía tintes de humor muy americanizados (el film se rodó en su mayoría en Estados Unidos). El propio M se atreve a burlar a Bond: "Funcionamos en su ausencia, Comandante", le recrimina connotando la fugaz participación de George Lazenby. El propio villano Blofeld, que en los dos films anteriores interpretaron actores fríos y amenazadores como Donald Pleasence y Telly Savalas, esta vez fue interpretado por un simpático Charles Gray, asistido por los no menos cómicos sicarios homosexuales Wint y Kidd. El propio Bond hace unos cuantos chistes sexuales: "Me alegra esa nada que te pusiste. La apruebo", le dice a Tiffany Case cuando se aparece con una negligée negra muy transparente. Un comentario igual de atrevido le hace a Plenty O'Toole cuando ella se presenta en el casino. "Seguro que lo eres", le dice al mirar el escote de su vestido violeta en referencia al significado de su nombre ("plenty" significa, en inglés, "abundante"). Un poco después, tras un interludio romántico con la muchacha, Bond se ve amenazado por tres gángsters, a lo que comenta: "Me agarraron con algo más que las manos en alto".

Ernst Stavro Blofeld y sus dobles en Los diamantes son eternos (1971)

En estos nueve años de vida que James Bond tuvo desde 1962 hasta 1971, el humor ha mutado desde un par de frases irónicas, a veces con matices de humor negro, a un humor sexual que podía haberse llegado a dar en una película de Olmedo y Porcel. Pero desde 1973, el humor se elevaría al máximo exponente, porque sin duda alguna, en el país de los Bonds cómicos, Roger Moore es el rey.

Ni bien terminan los títulos de crédito de Vivir y dejar morir, el Bond se encuentra en la cama con una hermosa agente italiana que desertó con el tras completar la misión. Recibe sorpresivamente la visita de M y Moneypenny, y evita todo el tiempo que su superior llegua a acercarse al armario, donde la joven está escondida.

No mucho después, Bond le sigue la pista a Mr Big en Nueva York, donde abundan situaciones hilarantes: el matón Tee Hee, que destroza la Walther PPK de 007 con su garfio metálico, el propio lider de los gángsters que le dice a Bond que "los nombres son para las lápidas", cuando el agente está a punto de presentarse ante él, y el agente de la CIA Harold Strutter, que observa que Bond lleva un "ingenioso disfraz": ser blanco en Harlem.

Moore resulta más gracioso cuando se encuentra abandonado en un pequeño islote rodeado de cocodrilos, y se escapa de ellos caricaturescamente, saltando sobre sus cabezas. Los villanos también son graciosos: el histriónico Barón Samedi diciéndole a Bond y Solitaire "hoy será un día maravilloso", antes de delatarlos, y el ridículo y fanfarrón Sheriff Pepper, que llama a Bond una "máquina del día del juicio final" antes de intentar arrestarlo, cuando 007, huyendo de los secuaces del villano, causó un revuelo en los pantanos de Luisiana.

Roger Moore como James Bond adopta métodos hogareños para vencer a las serpientes invasoras en Vivir y dejar morir (1973)

La muerte del propio Dr Kananga, villano principal del film, es estrafalaria comparada a las de otros villanos: se traga una bala explosiva inventada por Q que lo hace hicharse y estallar por los aires. Para éste James Bond, Kananga tenía "una opinión muy inflada de sí mismo".

Las aventureras historias de Roger Moore como James Bond continuaron en El Hombre del Revólver de Oro, de 1974, último aporte de Guy Hamilton en la franquicia, con un cómico Christopher Lee en el rol del refinado matón a sueldo Francisco Scaramanga, con su graciosísimo sirviente Nick Nack, que trata a su amo como Cato al Inspector Clouseau en los films de La Pantera Rosa. En esta aventura regresa el Sheriff Pepper que se queja una y otra vez de los ciudadanos tailandeses, hasta el punto de ser arrojado a los klongs (canales) por un elefante furioso, y Bond comete alguna que otra torpeza (se traga una bala de oro, talismán de una bailarina libanesa, cuando besaba su vientre), y ni hablar de las extremas ridiculeces de la agente Mary Goodnight que interpreta Britt Ekland. Pero si mencionamos a las mujeres de Bond en su novena aventura fílmica, no podemos dejar de lado el polisémico nombre humorístico de la muchacha oriental que 007 descubre nadando en la pileta de la mansión de Hai Fat: Chew Me ("Muérdeme" o "Chúpame").

El humor en que venía en crescendo desde 1971 fue obra particularmente de Guy Hamilton y el guionista Tom Mankewicz, pero desde 1977 -en vista de la no tan exitosa acogida de El hombre del revólver de oro-, el tono hilarante fue decreciendo. Aunque el humor seguiría siendo el grueso de estos films de James Bond, este humor no tendría un enfoque tan ridículo como el de los primeros dos films de Moore.

James Bond y Anya Amasova (momentáneamente) no se entienden en La espía que me amó (1977).

Para dirigir las dos siguentes aventuras de Bond, La espía que me amó (1977) y Moonraker (1979), se contrató a Lewis Gilbert una vez más para dirigir y se buscó un guionista que traería aires renovadores muy efectivos: Christopher Wood. En La espía que me amó, Moore despacha a una muchacha fríamente diciendo que "Inglaterra también" lo necesita. También, la ácida y adolescente rivalidad entre 007 y Anya Amasova, la espía rusa interpretada por Barbara Bach, que compite y a la vez se alía con él, le da una brillante chispa a la caracterización de estos personajes. Basta ver la competencia entre ambos ante la vista de sus jefes intentando descifrar un rastro accidental en un microfilm, o la fabulosa burla que Bond le hace cuando vence ante sus ojos a los matones que ella contrató para atacarlo: "Espero que hayas disfrutado el espectáculo. Buenas noches". Roger Moore se permite el lujo de despedirse de esta décima aventura de la saga diciendo: "Tengo el pabellon inglés en alto", cuando es sorprendido por sus superiores en la cama con Anya.

Moonraker nos presenta un atentado contra la vida de James Bond perpetuado por Hugo Drax, cuando el villano cordialmente lo invita a cazar perdices. Un hombre de confianza está apostado en un arbol, listo para dispararle a un 007 concentrado en cazar in ave. Pero Bond se da cuenta del secuaz que lo acecha y le dispara. "Falló, Sr. Bond", comenta Drax. "¿En serio?" -responde Bond con ironía- "Como usted dice... '¡Qué buen deporte'". No menos hilarante es la persecución sobre los canales venecianos donde Bond, con su góndola motorizada y -para sorpresa de los espectadores y ciudadanos italianos - anfibia, escapa de los secuaces de Drax, uno de los cuales se oculta en un ataúd transportado en una embarcación fúnebre.

Jaws vuelve a hacer de las suyas en Moonraker (1979).

Pero lo que jamás se podrá obviar si uno habla de estas dos aventuras es que en ambas aparece Jaws (Mandíbulas), el gigante de 2,20 metros de altura, que le hace la vida imposible a 007 con sus dientes de acero inoxidable. El personaje de Richard Kiel, que por un lado parece amenazador, comete más de una torpeza como arrojarse una roca en su propio pie, o destrozar la correa de su paracaídas por su descomunal fuerza. Aún así, de manera inesperada, Bond comete dos veces la estupidez de golpearlo en sus dientes, sufriendo un gran dolor en sus nudillos.

El productor Albert R Broccoli, a cargo de la producción de los films tras la renuncia de Harry Saltzman en 1974, optó por una línea más seria a seguir en las próximas aventuras, por eso sentó en la silla de director a John Glen, veterano en el equipo técnico de la serie, y a su hijastro Michael G Wilson, asistido por Richard Maibaum, le dió la tarea de guionar el film número doce de la serie, Sólo para sus ojos.

Bond comienza el film vengando la muerte de su esposa Tracy, arrojándo a un supuesto Blofeld.. "¡Bájeme!", suplica el villano cuya silla de ruedas está empalada en el tren de aterrizaje del helicóptero de Bond. "¿Quieres bajarte?" - pregunta Bond retóricamente. Y deja caer al megalómano por una chimenea industrial, mientras se oye su grito: "¡Sr Booond!". Una manera poco seria de deshacerse de alguien que ha destruido cruelmente el futuro del as de los espías.

Mientras espía a Hector González, un matón cubano responsable del asesinato del espía ingles Timothy Havelock y su esposa Iona, 007 es descubierto, pero se escapa gracias a la ayuda de Melina, hija del difunto. Como el Lotus de 007 vuela por los aires (gracias a un matón que ignoró la calcomanía de "Protegido contra robos"), el agente no tiene otro remedio que huir en el coche de la mujer, un Citroen 2 CV venido a menos.

Los comentarios ácidos de Bond no cesan, especialmente cuando arroja a Locque por un acantilado, mientras su automóvil está en la cornisa. "Le tenía temor a las alturas", observa 007 cuando sus aliados observan el cadáver del hombre, junto a su destrozado Mercedes Benz.

Algunos personajes, como la patinadora adolescente Bibi Dahl, ayudan para hacer ver a Bond como un verdadero "viejo verde" dada la edad de Moore y los consejos paternalistas que le da a la joven por su liertinaje sexual.

En Octopussy, Bond se disfraza de payaso para desactivar una bomba oculta en un circo.

Pero es en la decimotercera aventura de la serie, Octopussy (1983), donde el humor de Roger Moore ya se va por la borda: en su afán por desactivar un explosivo en la Base Aérea de Belfast, donde se lleva a cabo una presentación del Circo de Octopussy, Bond se disfraza de payaso para desactivar la bomba oculta bajo el cañón desde donde deberá arrojarse "Francisco the Fearless" (Francisco el Intrépido), uno de los acróbatas. También, para ocultarse en el tren que transporta a los acróbatas hasta el circo, se disfraza de mono.

En la misma aventura, Bond se justifica en vano ante el Coronel Luis Toro, un oficial cubano que descubre lo descubre haciéndose pasar por él: "¡Qué pequeño es el mundo! ¡Tú tambien te llamas Toro!". No mucho después se escapa de los guardias que lo apresan en un camión, haciendo funcionar sus paracaídas mentras ellos se deleitan observando los atributos de Bianca, colaboradora de Bond.

Y 007 se burla del villano Kamal Khan cuando le gana al Backgammon al robarle sus dados tramposos. "Es cuestión de muñeca", dice Bond irónicamente mientras el peligroso Gobinda, demostrando su poder, convierte los dados en arena ante los sorprendidos ojos de James Bond.

La última participación de Roger Moore en la serie fue En la mira de los asesinos (1985), donde las hilarantes vivencias de James Bond son en parte interrumpidas por la crueldad del psicópata Max Zorin que interpreta maravillosamente Christopher Walken. A modo de autoparodia, Bond inútilmente cree que al presentarse como "Bond, James Bond" ante un sheriff evitará ser arrestado. Pero el gordoinflón comisario replicará "Y yo soy Dick Tracy, y sigues bajo arresto", por lo que recibe un chapuzón de agua gatillada desde el camión de bomberos por donde pronto huirá 007 y su cómplice, Stacey Sutton, tan torpe como hace once años lo había sido Mary Goodnight.

Timothy Dalton como James Bond y Maryam d'Abo como Kara Milovy escapan usando la funda de un violonchelo en Su nombre es peligro (1987)

Lamentablemente, hay ocasiones donde Bond vuelve a actuar con torpeza: continúa disparándole a los matones que asaltan la casa de Stacey, aún a sabiendas que la escopeta sólo dispara sal gruesa. Y no olvidemos cuando Bond escapa de la KGB en Siberia haciendo snowboard, lo que no tiene nada de ridículo, excepto porque la persecusión tiene como cortina musical el tema "California Girls" de los Beach Boys.

John Glen, Richard Maibaum y Michael G Wilson continuarían en sus respectivos roles para 1987, cuando se estrenó Su Nombre es Peligro, sólo que esta vez debieron adecuar la historia para un nuevo James Bond: Timothy Dalton.

Dalton es la antítesis de Roger Moore: un Bond "fleminguesco", muy alejado de las situaciones disparatadas. En sus dos films, Su Nombre es Peligro y Licencia para Matar (1989), abundan respectivamente situaciones románticas (la relación entre Bond y Kara) o dramáticas (el feroz ataque a Felix Leiter). Aún así, queda un espacio para un humor, efectuado más a través de la acción que de las palabras.

En Su Nombre es Peligro, Bond asiste a Georgi Koskov, desertor de la KGB, a huir por un oleoducto desde Checoslovaquia hasta Austria. El simpático General, preocupado, le pregunta a 007 cuántas veces ensayaron el medio de transporte. "Eres el primero", contesta Bond mientras encierra al hombre en la plataforma que se conduce por el ducto.

La escena donde James Bond y Kara Milovy, novia de Koskov, escapan por una nevada Bratislava a la frontera austríaca en el Aston Martin V8 contiene muchas situaciones cómicas: 007 destruyendo el chásis de un patrullero con ayuda del láser que Q instaló en las llantas del Aston Martin ("Corrosión salina" - le explica Bond a una sorprendida Kara), Bond perforando el hielo con el filo de sus llantas para que otro patrullero se hunda, o la pareja escapándose de la policía usando la funda de un Stradivarius como trineo después de que 007 haya activado el mecanismo de autodestrucción de su automóvil.

007, interpretado por Timothy Dalton, captura a Franz Sánchez de una manera poco casual en Licencia para matar (1989)

Gags de este estilo se escabullen en el tétrico argumento de Licencia para Matar, como cuando Bond captura al narcotraficante Franz Sánchez enganchando su aeroplano Cessna a un helicóptero de los Guardias Costeros en Miami, o cuando James Bond arroja de un biplano a un secuaz accionando la palanca para soltar la puerta ante una emergencia. En esa misma escena, 007 se permite revolear por los aires un enorme fajo de dólares provenientes del narcotráfico. Y, contemplando el cadáver de Heller, jefe de seguirdad de Sánchez, empalado en una leventadora, comenta ásperamente: "Llegó a un camino sin salida". Al final de la aventura, Timothy Dalton despide a su James Bond con uno de los actos más cómicos realizados en sus dos aventuras: arrojarse, vestido de smoking, a una pileta de natación para llamar la atención de Pam Bouvier.

Cuando Pierce Brosnan llegó al rol de James Bond en GoldenEye, estrenada el 17 de noviembre de 1995, cambiaron muchos integrantes del equipo técnico de la serie: Michael G Wilson pasó a producir el film junto a Barbara Broccoli, hija del productor que se retiró dado su delicado estado de salud; el neozelandés Martin Campbell dirigió la primera de sus dos aventuras de Bond, y el guión estuvo a cargo de Michael France, Jeffrey Caine y Bruce Feirstein.

El quinto Bond tiene las características humorísticas de Roger Moore, conservando la discreción e ironía de Sean Connery. Irrumpe a un soldado soviético en el baño, diciéndole "Disculpe. Olvidé golpear", para después noquearlo. Se burla de las advertencias del entonces Coronel Ourumov: "¡Qué original!", musita mientras el oficial le advierte a él y a su colega 006 que salgan con las manos sobre la cabeza. Y es visto por su nueva jefa, la señora M, como un "dinosaurio sexista y misógino".

En GoldenEye (1995), el mismo Q sorprende a Bond con su yeso lanzamisiles.

Considerará, también, que la interrogación es "un arte perdido" por los rusos, y le admite a Xenia Onatopp que visitaba Rusia ocasionalmente: "Entraba y salía a los tiros", y se ajusta la corbata después de haber destrozado medio San Petersburgo tras una acalorada persecusión usando un tanque de guerra.

Los villanos de GoldenEye tienen una aportan una gran cuota de humor en la historia. El altanero Boris Grishenko grita fuertemente "¡Soy invencible!" tras hackear el sitio web del FBI, y el traicionero Alec Trevelyan describe el funeral de Bond como un evento "al que asisitirán unos restauranteros, y la señorita Moneypenny". Los colaboradores de Bond también causan risas entre la audiencia, como el ordinario Jack Wade (con una rosa tatuada en sus glúteos) y el traficante de armas Valentín Zukovsky, que insulta a su amante Irina e intenta dispararle a Bond en la entrepierna en venganza por su cojera, causada por 007 en una misión previa.

El humor del Bond de Brosnan se volvió más pochoclero gracias al exceso de pircotecnia de su segundo film, El Mañana nunca muere, de 1997. Dirigida por Roger Spottiswoode (experto en mezclar acción y comedia como demostró en ¡Para, o mi mamá dispara!) y acreditado como único guionista Bruce Feirstein, el film nos daba buenos momentos humorísticos tanto gráficos como lingüísticos.

Destacan las discusiones entre M y el Almirante Roebuck (Judi Dench y Geoffrey Palmer, que trabajaron juntos en la telenovela inglesa As time goes by), donde el oficial le dice a la jefa del MI6 que "no tiene las bolas para este trabajo". Ella, desafiante, responde "Tal vez, pero yo no las necesito para pensar".

007 prueba la lancha de Q en El mundo no basta (1999), y descubre que también puede funcionar en tierra firme.

Moneypenny se permite decirle a James que decida "cuál será el método de extracción necesario" para sacarle información a Paris Carver, antigua amante suya y ahora señora de Elliot Carver, lider de las comunicaciones y villano principal del film, interpretado con gran carisma y teatralidad por el genial Johnatan Pryce (Perón en el film Evita de Alan Parker), que constituye uno de los grandes aportes humorísticos del film.

La química entre Brosnan y su contraparte femenina, Michelle Yeoh, que interpreta a la agente china Wai Lin, está también cargada de momentos cómicos, no tan explícitos, pero muy evocadores a la relación Moore/Bach de 1977. Ella lo acusa a Bond de ser un espía corrupto y decadende, a lo que él responde: "Tienes al mejor agente occidental decadente y corrupto como compañero". Advierte a Stamper, secuaz de Carver: "Nunca discutas con una mujer. Siempre tienen razón", cuando el alemán tiene de rehén a Wai Lin en las escenas finales.

El humor de El Mañana nunca muere es un estilo Jackie Chan, con escenas de artes marciales orientales y Michelle Yeoh burlándose de Bond con su sofisticada forma de huir de sus enemigos. El agente 007 protagoniza algunos gags, como quemarse al tocar la estatua de un dragón que vomita fuego. Sin embargo, el que se roba el film en terminos de humor es el histriónico Elliot Carver.

Bruce Feirstein se unió, en 1999, al dúo Neal Purvis y Robert Wade para escribir El mundo no basta, tercer film de Pierce Brosnan como James Bond dirigido por Michael Apted.

Los lazos dramáticos que atan a Elektra King, la heredera petrolera que encarna Sophie Marceau, con M, el terrorista Renard y el propio Bond, traen a la trama tintes de seriedad que alejan un poco al humor bondiano. No hay demasiada verborragia por parte de Brosnan, que se contenta más con usar los lentes de rayos x de Q (última aparición de Llewelyn) para ver la ropa interior de las mujeres en el casino de Valentin Zukovsky. Bromea un poco con el nombre del personaje de Denise Richards, Christmas (Navidad), y se divierte llevándose a la cama a la Dra. Molly Warmflesh, del MI6.

Pero Bond está demasiado tenso en esta aventura, donde se involucra sentimentalmente con Elektra, amenazada por Renard. El humor, por ende, abunda más en personajes como Zukovsky ("En tu lugar, pensaría dos veces antes de unirme a un tipo así", le dice a Christmas cuando 007 lo amenaza), o en la torpeza de R, asistente de Q interpretado por John Cleese (se queda encerrado en el airbag oculto en la campera de Bond).

James Bond no volvería hasta 2002, cuando Neal Purvis y Robert Wade escribieron Otro día para morir, que dirigió Lee Tamahori.

Al igual que el film anterior, el vigésimo film de 007 tiene un trasfondo dramático: Bond es delatado en una misión en Corea del Norte, es capturado por casi un año y es despedido por ser considerado un estorbo por los Estados Unidos, que influían mucho sobre las desiciones del MI6.

Pierce Brosnan, en su última participación es "desafiante hasta el final", como bien lo describe el General Moon, quien lo captura. Tras catorce meses de rodearse de escorpiones, ser sumergido en agua helada, o aporreado por soldados norcoreanos, le dice a Moon: "Quéjese con el concerje", cuando el militar no se mostraba de acuerdo con los métodos utilizados.

La escena de la tortura de Casino Royale (2006), provoca risas entre la audiencia gracias a la buena actuación de Craig y a las reacciones de Bond,

Al huir del hospital flotante del MI6, que lo transportaba a su forzado retiro en las Malvinas, le dice libremente a los médicos: "Me doy de alta", y, observando a la joven médica que le practicó respiración boca a boca minutos antes, le sonríe sentenciando: "Gracias por el beso de la vida".

Produce risas cuando golpea a un buscapleitos y lo sienta inconsciente en una silla de ruedas para ingresar a una clínica cubana donde se aloja Zao, uno de sus enemigos. Y no nos olvidemos cuando, en un palacio construido con hielo, pide un vaso de vodka, "con mucho hielo, si te sobra". Destaca también el momento en que le dice a Zao, con su cara incrustada de diamantes, que extrañaba su "rutilante personalidad". El chiste es recompensado con un fuerte golpe en el estómago.

¿Y Halle Berry? Su personaje de Jinx hace suficientes estupideces como para ser visto como un inconsciente punto de vista humorístico del Bond 20, como fallar una y otra vez en su misión y ser salvada por Bond en el último minuto.

La búsqueda de un nuevo actor, director, y enfoque necesario para un nuevo film de Bond llevó casi cuatro años. A principios de 2005, Martin Campbell fue contratado para dirigir Casino Royale, la vigesimoprimer aventura de James Bond. En octubre del mismo año se eligió a Daniel Craig como sucesor de Brosnan. El guión, que remontaba a la primer misión de Bond como 007, fue escrito por Neal Purvis y Robert Wade, en colaboración con el ganador del Oscar, Paul Haggis.

Craig posee un humor muy "daltoniano". Es un Bond de pocas palabras y sonrisa difícil. Hay algunas buenas ironías a lo Connery en Casino Royale: "No pensarás volver ahí" -dice Vesper, preocupada por el atentado a la vida de Bond en el torneo de póker- "Ni soñarlo", contesta Bond mientras vueve a enfrentar a Le Chiffre en la mesa de juego; o cuando 007 vence a Dimitrios, que pierde su Aston Martin DB5 en la mesa de póker del Ocean Club, que le recuerda: "Ah, el boleto del estacionamiento"., pero Craig se mantiene más humor en las acciones: se queda congelado por la derrota, sentado en la mesa después de perder una importante apuesta contra Le Chiffre.

También, a este Bond no le importa cómo le sirven el Martini: "¿Te parece que me importa?"- dice enojado cuando el mozo le pregunta si lo quiere agitado o revuelto. El motivo del enojo es, en realidad, la negación de Vesper de proveerle el dinero de la tesorería para volver a apostar contra su rival.

Pero una de las genialidades de Daniel Craig, ayudado por los guionistas y muy especialmente por el director Martin Campbell, es convertir la espeluznante escena de tortura de la novela original (Bond golpeado en los testículos por Le Chiffre con una soga), en un momento cómico cuando 007 se burla de su torturador: "El mundo entero sabrá que moriste rascándome las bolas", se ríe Bond tras soportar unos cuantos golpes. "¡No, no, no! Más la derecha, a la derecha", se burla el agente. El elogio viene también de parte de Le Chiffre: "Es usted un hombre gracioso, Sr. Bond".

"Creí que un terrorista menos sería algo bueno", se justifica este nuevo 007 ante M cuando ella le recrimina haber matado a Mollaka, un terrorista a quien Bond debía capturar. No menos respetuoso es 007 con su jefa cuando persigue a otro terrorista en el Aeropuerto Internacional de Miami, a quien la llama, primero, para darle un mensaje urgente y luego, al resolver lo que necesitaba, le corta con un frívolo "La llamaré de vuelta". Minutos después se repite una ocasión similar donde el desinteresado Bond contesta "Tengo que irme".

La trágica resolución del amorío entre Bond y Vesper en Casino Royale nos trae un argumento más dramático en el film de 2008, Quantum of Solace. Craig Mitchell, el traidor guardaespaldas de M, permite que el siniestro Mr White (altivo miembro de la organización que corrompió a Vesper), escape. Bond sigue a Mitchell por la ciudad de Siena en Italia,y terminada la persecución lo mata. "¡Tuviste que matarlo!" -reprocha M a su agente, esperando que lo haya capturado para interrogarlo.

En Puerto Príncipe, capital de Haití, Bond vuelve a matar a otro de sus enemigos, Edmund Slate. "¿Qué pasó con Slate?" -interroga M. La respuesta de Bond es muy similar a una frase que Dalton usó en Licencia para Matar: "Slate llegó a un callejón sin salida". Más tarde, Bond le dirá a M, despreocupado, "No vivo en el pasado, señora, y usted tampoco debería".

James Bond envía a Slate a un "callejón sin salida" en Quantum of Solace (2008)

"Cuando camines 20 kilómetros pensarás en tomarte ésto", le dice 007 a su enemigo Dominic Greene antes de abandonarlo en medio desierto, mientras le arroja una botella de... aceite de auto. El primer encuentro entre Bond y el personaje de Olga Kurylenko, Camille, causa algunas risas. Tras huir del Ford Ka que ella conducía mientras le intentaba disparar, comentará, "Eso no estuvo bueno". El charlatán taxista boliviano que transporta a Bond, Mathis y Fields al hotel es un punto muy cómico de la película, así como cuando Craig dice una frase en castellano con su mejor esfuerzo: "Hola, somos maestros en año sabático, nos ganamos la lotería", a modo de justificar su inscripción en un hotel cinco estrellas.

Pero un aplauso que sí merece la mediocre dirección de Marc Forster es cuando Bond infiltra las comunicaciones entre Greene y sus secuaces durante una presentación de Tosca en la ópera de Bregenz, Austria. Usando el auricular con el que todos dialogan, Bond se permite una ironía muy cómica: "¿Puedo opinar? Creo que ustedes tendrían que encontrar un mejor lugar para reunirse". Resultado: Greene y sus hombres huyen del lugra y Bond puede fotografiarlos con su cámara del celular.

Irónico, verborrágico, audaz, e inteligente son cualidades del humor de James Bond que se mantiene en las aventuras, adaptándose siempre al carácter de su protagonista. La serie fílmica se acerca al medio siglo de existencia y la licencia para matar, estremecer, seducir y divertir de James Bond es tan eterna como los diamantes.

              Nicolás Suszczyk