GoldenEye es una
de las mejores películas de James Bond que
jamás se hayan estrenado, y resulta increíble
que pronto llegará a sus tres lustros de
existencia.
Su guión es una obra maestra
literaria a la que contribuyeron varios
escritores, destacándose Michael France que, a
pesar de ser acreditado como "Idea
Original" (Story), debe casi el noventa por
ciento del argumento del film.
Si bien el guión de France fue
modificado por los guionistas acreditados, Bruce
Feirstein y Jeffrey Caine, no se alteró la idea
principal del primer autor, que le había dado un
ambiente más "daltonizado" al film
(recordemos que el primer borrador es de 1992, y
Timothy Dalton aún no había renunciado al rol
de James Bond).
Creación de la fértil imaginación
de Michael France es la doble rivalidad existente
entre los agentes secretos del MI6: James Bond
(Pierce Brosnan), 007, el héroe, el
protagonista; y Alec Trevelyan (Sean Bean), 006,
el villano, el antagonista.
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"La mitad
de todo es suerte, James"
"¿Y
la otra mitad?"
"Destino".
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El film los presenta en Arcángel,
ciudad boreal de la entonces Unión Soviética,
en 1986. Ambos realizan un operativo conjunto
para volar por los aires un laboratorio de
fabricación de armas químicas. Sin embargo, el
sigilo que se debe llevar a cabo en la misión se
rompe cuando una alarma delata la presencia de
ambos en el depósito. Durante la misión, Alec
es tomado de rehén por el Coronel Arkady
Grigorovich Ourumov (Gottfried John) y sus
tropas. El militar insiste con que Bond se rinda,
pero 007, siempre fiel a su misión, retrasa los
seis minutos restantes para detonar los
explosivos, a tres. El coronel ejecuta a 006,
pero Bond escapa exitosamente y cumple su
misión.
Casi una década más tarde, James
Bond se encuentra investigando al sindicato
criminal Janus, responsable del robo de un
helicóptero ultramoderno de la Fuerza Aérea
Francesa, el Tigre, usado para escapar tras el
robo del GoldenEye, un arma satelital que
neutraliza todo equipo electrónico existente,
hurtado después de un sangriento genocidio en
una central de armamento en la ciudad de
Severnaya, en la meseta siberiana.
No mucho tiempo después descubre
que el cabecilla de la organización es Alec
Trevelyan, que fingió su muerte porque dentro de
él oculta un gran resentimiento contra la
nación británica, y contra el propio Bond.
Pero ahora analizaremos la
motivación vengativa más oculta de este
singular personaje: el odio a James Bond.
Las campañas publicitarias del film
lo presentan como "el enemigo que lo
conoce mejor" a Bond. Y así es. Conoce
sus habilidades, sus debilidades, y cómo se
desarrolla en acción. Pero Alec Trevelyan se
caracteriza por tener una especie de envidia
hacia el protagonista: al reencontrarse, cuando
ambos están separados por la línea que divide
al bien y al mal, lo primero que le recrimina es
su lealtad a la Reina y el País. "El
perro fiel de Su Majestad" -lo llama- "...defensor
de una supuesta fe".
La respuesta de James Bond es
apuntarlo con su Walther PPK. "Por
favor, James, guárdala. ¿Crees que no he
anticipado todos tus movimientos?"
"Confié
en tí, Alec."
"Confianza...
qué idea más pintoresca."
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Su represalia a Inglaterra se debe
al momento cuando sus padres, Cosacos Lienz,
fueron rechazados por Gran Bretaña durante la
Segunda Guerra Mundial, causando que el entonces
"hombre de hierro" de Rusia, José
Stalin, ordenara la ejecución de los Lienz. Por
este hecho, el padre de Alec evitó confrontar
con Stalin y mató a su esposa antes de
suicidarse. El ex 006 también le reclama eso a
James: "Tus padres tuvieron la suerte de
morir en un accidente de alpinismo", en
referencia a la muerte de Andrew Bond y Monique
Delacroix.
Trevelyan admite haber pensado en un
momento que Bond podía llegar a ser corrupto: "Pensé
en pedirte que te unieras a mi pequeño
plan..." -se sincera- "...pero
recordé que la lealtad de 007 siempre es a la
misión, nunca hacia los amigos".
El escenario para este suceso es el
Parque de las Estatuas, donde yacen los restos,
cual fantasmas del pasado, de todos los
monumentos a pensadores, dictadores y hasta
asesinos que representaron el ideal comunista de
la ex Unión Soviética. Allí se encuentran
bustos de Vladimir Lenin, José Stalin, Lavrenti
Beria y Félix Dzherzinski, tan resquebrajados
como la tiranía de ese imperio.
El diálogo se desarrolla ante el
silencio de la noche, en un lugar que representa
a un tiempo pasado, a los restos de una era
terminada, tan terminada como la camaradería
entre 007 y el ex 006.
Lo interesante de este intercambio
de palabras psicológico, casi poético por obra
de France, Feirstein y Caine, y con el dramatismo
acentuado gracias a la magistral tarea del
director Martin Campbell, es que tenemos una
visión de cómo Alec Trevelyan conoce a James
Bond: patriota y servil, predecible, digno,
afortunado... y solitario.
¿Es esto motivo de envidia para
Alec?
La respuesta más probable sería
afirmativa, de no ser así, no le recriminaría
estos "defectos". Alec quiere
ser Bond, busca ocupar ese lugar de favoritismo y
esa dignidad, pero ejecutarla desde el lado del
mal, desde la vileza, usando como arma más
mortifera el conocimiento casi completo de su
adversario. Y apropiándose de las posesiones de
él.
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"James y
yo compartíamos todo. Absolutamente
todo. El ganador se queda con el
botín."
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El siguiente reencuentro entre los
ahora enemigos es cuando James irrumpe en el
transporte móvil de Alec: un tren militar
soviético dotado de la más alta tecnología. El
lider de Janus (debe su nombre al dios romano
Jano, poseedor de dos caras) ha secuestrado a
Natalya Simonova (Izabella Scorupco),
sobreviviente a la masacre de Severnaya. Ella
conoció a Bond cuando él la salva de una trampa
mortal a la que ambos son sometidos poco después
del encuentro entre Alec y James.
Lo primero que hace Trevelyan es
seducir a Natalya, describiendo su relación con
Bond. "James y yo compartíamos todo.
Absolutamente todo. El ganador se queda con el
botín", le dirá mientras la acosa
sexualmente, a lo que ella se resiste como puede.
En la antigua Roma, las sacerdotisas
eran mujeres sabias virginales, que eran
preciados botines para los enemigos del Imperio,
que las secuestraban y abusaban de ellas. Alec
actúa como un enemigo del Imperio, cuyo mejor
soldado es Bond y su "sacerdotisa" es
Natalya, a la que Trevelyan quiere poseer.
Aliada de Alec es la femme
fatale Xenia Onatopp, que lo acaricia
sugestivamente en el hombro en un momento del
film, pero por algún motivo Alec se acerca
lascivamente a Natalya: por poseer el
"trofeo" de Bond, el trofeo que el
villano no puede poseer. Por pura envidia.
"Análisis de la
situación: Irremediable. No tienes escapatoria,
y yo tengo la única moneda para negociar",
se mofa Trevelyan cuando su ex compañero lo
tiene en la mira de una ametralladora
Kalashnikov. "Es tu fatal
debilidad", comenta Alec entre risas
mientras le dice que los labios de Natalya "saben
a frutillas". Este es otro ejemplo de
envidia hacia su figura opuesta. Él, el
"malvado" 006, logró lo que el
"perfecto" 007 no pudo, besar a
Natalya. Alec quiere alardear su conquista, pero
no aclara que ella lo abofeteó cuando él la
besó bajo coacción. Aún así, el hecho sirve
para que Trevelyan se sientra triunfante,
conquistador de un territorio que Bond aún no ha
conquistado.
Mientras 007 amenaza a Alec y Xenia, aparece a
sus espaldas Ouromov, el coronel que
"eliminó" a 006 que ahora "lo
hicieron general", teniendo a Natalya
como rehen con su revólver reglamentario
Makarov. Trevelyan desafía: "De vuelta
a donde empezamos, James. ¿La chica o la
misión? Tira el arma y la dejaré vivir".
Bond está ante una encrucijada. ¿Se rinde y
deja que Alec se salga con la suya? ¿o mata a
él y a Xenia a riesgo de que Ourumov acabe con
Natalya?
"En
resumidas cuentas, eres sólo un
asaltante de bancos. Nada más que un
vulgar ladrón"
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"Mátala. No significa nada
para mi", dice Bond, frío. Logra
desproteger a Alec, haciéndole notar que esa
"debilidad fatal" no es tan fatal
después de todo. Sin embargo, Bond, a la
velocidad de la luz, logra incrustarle unas
cuantas balas al cuerpo del General Ourumov,
rescatando a Natalya, a quién luego salvará de
otra trampa mortal: la bomba en el tren que Alec
le dejó mientras se escapaba, sincronizada para
detonar en los "seis minutos" que Bond
le dió a Alec en Arcángel, en realidad, tres
minutos.
Siguiéndole la pista a Alec, Bond y
Natalya viajan a Cuba, donde mantienen un
diálogo que penetra en la personalidad del
propio Bond. "¿Era tu amigo,
Trevelyan?. Y ahora es tu enemigo y vas a
matarlo. ¿Es así de simple?"
-interroga la joven, horrorizada. "En
una palabra: Si". -responde él,
consciente de la realidad de su labor.
Es difícil comprender, para una
programadora de sistemas, el complicado mundo de
traiciones dentro del espionaje.
Bond y Natalya infiltran la base de
Alec Trevelyan, y ambos son capturados. Ésta es
la oportunidad para un nuevo enfrentamiento
psicológico entre los dos. El ex 006 explica su
plan: hacer grandes transferencias por internet
al Banco de Inglaterra y detonar luego el
GoldenEye, borrando los registros de las cuentas
bancarias. "En resumidas cuentas, eres
sólo un asaltante de bancos. Nada más que un
vulgar ladrón", desafía James,
restándole espectacularidad al objetivo de Alec.
Pero Trevelyan no se queda atrás: "Me
pregunto si los vodka martinis que has bebido
lograron silenciar los gritos de los hombres que
mataste... o encuentras consuelo en los brazos de
todas aquellas mujeres en reemplazo por las que
no pudiste proteger".
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"¿Por
Inglaterra, James?"
"No.
Por mí."
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Lo que los dos hacen es llevar a la
luz el modo de ver al otro: para Bond, Alec es un
simple asaltabancos; para Alec, Bond es un
asesino que encuentra consuelo en las mujeres. La
descripción afecta dos rasgos característicos
de la personalidad de Bond - el desprecio por el
asesinato a sangre fría y la muerte de mujeres
inocentes que se relacionaron con él
(destacándose Tracy, su esposa por sólo unos
minutos).
La batalla final entre James Bond y
Alec Trevelyan es en una antena gigante que
controla el satélite GoldenEye. Durante el
sangriento combate, Alec amenaza a James y le
dice: "Siempre fui el mejor".
Esta frase es todo un resumen a la competencia
preexistente. Trevelyan dice ser mejor
que Bond porque quiere ser mejor que
él, pero no lo es. Él se pone a la altura de
James (porque en un momento fueron pares), pero
ahora se cree mejor porque lo tiene ante la punta
de un revólver. En ese momento, la rivalidad
adquiere el máximo exponente de lo personal.
También para el mismo Bond, que lo sostiene de
una pierna para evitar que caiga a al vacío
desde la antena suspendida en el aire.
"¿Por Inglaterra,
James?" -pregunta Alec, creyendo que
Bond va a soltarlo para ajustar cuentas por los
perjuicios del traidor al Gobierno de Su
Majestad.- "No. Por mí"-
contesta James mientras suelta la pierna de su
antiguo aliado y lo deja caer unos cuantos metros
hacia abajo.
Bond siente que las injurias de Alec
no sólo fueron a la Reina y el País, sino
además, especialmente, a su propia imagen. La
disputa es personal. Bond no lo mata para honrar
a Su Majestad, sino para honrarse a sí mismo.
Con James Bond saltando triunfante
al helicóptero con Natalya Simonova adentro y la
plataforma explotando y aplastando el malherido
cuerpo de Alec Trevelyan se termina uno de los
capítulos de venganza más apasionantes en la
vida de Bond.
Los traidores al Servicio Secreto de
Su Majestad y, más aún, a su mejor gladiador,
tienen una expectativa de vida muy corta.
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