¿Alguna vez os
habéis preguntado cuál es la mejor
película de la saga James Bond? O mejor,
¿cuál es la preferida del público? Un
rápido repaso al excelente termómetro
cinematográfico que es Filmaffinity
revela un dato sorprendente: Casino
Royale (2006) es la mejor valorada,
junto a la muy lejana en el tiempo Goldfinger
(1964). Para el resto de películas
aparecidas durante los 42 años de
diferencia entre ambas podemos encontrar
la de cal y la de arena, llevándose la
palma (por lo bajo) las protagonizadas
por Pierce Brosnan entre 1995 y 2002. Esa
travesía en el desierto en lo que a
conexión con el público se refiere pudo
hacernos pensar en su día en una crisis
Bond, crisis que, de existir, Casino
Royale ha borrado de un plumazo.
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Al
recuperar la novela de Ian
Fleming para situar al nuevo
James Bond la franquicia estaba
jugando sobre seguro, dotando a
la película de unos mimbres
narrativos excelentes. Pero las
mentes pensantes de este remake
aún se guardaban una jugada de
mercadotecnia maestra: ¿por qué
no sustituir el clásico juego de
baccarat en torno al cuál gira
la novela original por el muy de
moda poker, en su modalidad de
Texas Holdem? |
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Y es aquí
donde explota la polémica entre los fans:
¿baccarat o poker? ¿es una traición a la
novela y la esencia de Bond o un genial paso
adelante? Recordemos que una gran parte del libro
(y de la película original) se dedica a explicar
las reglas y estrategias del baccarat. Los menos
puristas, por su parte, arguyen que el baccarat
es un juego pasado de moda cuyas reglas nadie
conoce, y que la tensión del poker aporta más
al desarrollo narrativo de la película.
En cualquier caso, al margen de
estas discusiones, existe un hecho objetivo: el Casino
Royale de Daniel Craig ha conseguido
multitud de nuevos fans de Bond, los cuales,
tarde o temprano, van a interesarse por las
películas anteriores, y en ellas se encontrarán
a menudo un glamouroso James Bond jugando a un
juego de aire casi aristocrático llamado
baccarat. ¿En qué consiste este juego?
El baccarat
es un juego de cartas regido básicamente por la
suerte, en el que la única decisión que tenemos
que tomar es a quién apostar, si a favor del
jugador, de la banca, o del empate entre ambos.
Por decirlo resumidamente, el objetivo del juego
es acercarse lo máximo posible al número nueve.
Para ello, tanto al jugador como a la banca se
les repartirán dos cartas, de cuya suma se
obtendrá el número con el que jugar, tras
quedarnos únicamente con las unidades. El valor
de las cartas es el indicado en ellas, menos en
el caso del as y las figuras, cuyo valor es de 1
y 0, respectivamente. Lo podemos ver con un
ejemplo: si recibimos un 5 y un 7, estaremos
jugando con un 2, ya que de la suma de 5 y 7
(12), debemos quedarnos con las unidades. A
partir de aquí existen varias salvedades y
matices, que podrán hacer necesaria una tercera
carta. Como hemos dicho, el que más se haya
acercado al 9 (el jugador o la banca) ganará el
juego. Nuestra labor, por lo tanto, será acertar
quién va a ganar, y apostar por él o por el
empate entre ambos. Así de simple es, en
resumidas cuentas, el baccarat.
Mas informacion sobre el Bacarat
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