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Cualquiera que haya visto La espía que me amó y Moonraker habrá notado que ambos films, que cerraron la década del '70 en el mundo de James Bond (interpretado por Roger Moore en ese momento), tienen varias cosas en común más allá de su protagonista: el mismo director (Lewis Gilbert), el mismo guionista (Christopher Wood), espías femeninas (Anya Amasova de la KGB, Holly Goodhead de la CIA), dialogos plagados de humor, y dos villanos también muy similares: Karl Stromberg, interpretado por el alemán Curt Jürgens, y Hugo Drax, llevado a escena por el francés Michael Londsale.

"NO PLANEO LA EXTORSIÓN"

       
El primer punto en común entre ambos villanos es que a ninguno de los dos les falta dinero. Por el contrario, les sobra. Stromberg vive en una base flotante que el llama Atlantis ("Atlántida", en castellano, como la famosa ciudad perdida). Tiene un amplio salón comedor decorado con obras como la Venus de Boticceli, un descomunal

Bond visita la guarida de Stromberg en Cerdeña, en companía de Anya y Caroline.

acuario lleno de variadas especies de peces, la más alta tecnología; y una embarcación inmensa, el Liparus, cuya proa oculta los negocios más turbulentos del magnate naviero: el secuestro de submarinos británicos, americanos y soviéticos cuya tripulación es tomada prisionera a la vez que sus misiles nucleares son utilizados para borrar del mapa a Nueva York y Moscú "en cuestión de minutos", todo esto ahogado en los acordes de Chopin que Stromberg disfruta mientras ordena la muerte de aquellos que lo traicionan o se interfieren en su camino.

Hugo Drax tampoco es precisamente un carenciado. Vive en un chateâu francés al estilo de Versailles, transportado piedra por piedra al centro del desierto californiano; financia un programa de entrenamiento para astronautas de los transbordadores que el manufactura, los Moonraker; y tiene a su servicio a un harén de chicas hermosas de diferentes razas y nacionalidades que lo acompañan a la hora del té o lo observan realizar su deporte favorito: la caza de perdices.
Pero los bienes de Drax son instrumentos para un único objetivo: la idea hitleriana de una raza perfecta "en la cuna inmaculada del espacio", que Drax salvará, como hizo Noé en los pasajes bíblicos, del "diluvio" de gas letal que producirá una muerte horrible a todos los habitantes de la Tierra que no se atengan a los "estándares de perfección física" del "creador" Drax.

El plan de Stromberg de recrear una raza humana bajo el mar, así como el de Drax de hacer lo propio en el espacio sideral, es puramente ideológico. El mismo Bond le pregunta a Stromberg cuánto quiere por no disparar los misiles de la discordia, a lo que el refinado magnate responde: "Usted tiene alucinaciones, Sr. Bond. No planeo la extorsión". Hugo Drax, en cambio, se burlará de Bond en su primer encuentro, al decir que el agente ha venido a "pedir disculpas" por la péridida de un Moonraker, custodiado por el gobierno británico, cuando en realidad fue el propio Drax quien lo robó. Además, mostrará su intelecto parrafaseando a Oscar Wilde: "Perder una nave puede ser considerado como accidente, aunque perder dos, ya es más bien un descuido". Y, al igual que Stromberg, también mostrará agrado por la música clásica, interpretando una pieza en el piano de su mansión californiana.

 

 

       
Tanto Drax como Stromberg pueden recordar a Ernst Stavro Blofeld, el archienemigo de Bond en Sólo se vive dos veces, Al Servicio Secreto de Su Majestad y Los Diamantes son Eternos, que no podía volver a ser visto en escena por las amenazas judiciales de Kevin McClory.

007 la pasa francamente mal cuando el simulador de fuerza gravitacional es saboteado por órdenes de Drax. En vano, la Dra. Goodhead lo asiste.

No obstante, es preciso recordar que en los tres films en los que aparece Blofeld, sumándole a aquellos donde al personaje no se le ve la cara (De Rusia con Amor y Operación Trueno), el villano a cargo de SPECTRE intenta planes parecidos con el objetivo de extorsionar a los líderes mundiales. Definitivamente, ni todo el oro del mundo evitará que Stromberg y Drax lleven a cabo su plan.

"ASEGÚRATE DE QUE TENGA ALGÚN ACCIDENTE"

Tras su primer encuentro social, Drax y Stromberg ordenarán de forma muy similar la muerte de Bond.

Haciéndose pasar por Robert Sterling, biólogo marino, Bond y Anya Amasova serán identificados por Jaws, a lo que Stromberg frívolamente ordenará: "Déjalos llegar a la costa. Y luego mátalos". Así, una dotación de helicópteros, motocicletas, automóviles y minisubmarinos acecharán el Lotus Espirit sumergible de Bond, sin llegar a su objetivo.

"Cuida del Sr. Bond. Asegúrate de que tenga algún accidente", ordenará Drax a su asesino oriental Chang, que saboteará el simulador de fuerza gravitacional que Bond estaba probando a una velocidad superior a 13 Gs. Será la pulsera lanza-dardos de Q que generará un cortocircuito en el mecanismo y salvará al agente secreto.

Pero ninguno de los dos se da por vencido rápidamente, y buscarán aniquilar a Bond como sea: lanzamisiles ocultos bajo la mesa de almuerzo, ascensores con trampas que ceden a una pileta con tiburones, boas venenosas, francotiradores, gángsters, lanzadores de cuchillos ocultos en ataudes, un "crematorio privado" bajo el fuego de un transbordador.

Sin embargo, todo falla a la hora de matar a Bond, quien, encima, sortea a la muerte con las mejores sonrisas que Roger Moore sabe poner.

"SE LLAMA JAWS, Y MATA GENTE"

Estos dos señores feudales de la nueva era no solo comparten su gusto por la buena música, la mesa fina y los decorados renacentistas. Ambos tienen predilección por un asesino en común, Jaws ("Mandíbulas" o "Tiburón", según las traducciones latinas y españolas), un gigante de 2,25 metros con una cualidad física muy particular: una afilada dentadura de metal.

 

       
Tras ordenar la muerte de su traicionera secretaria, convirtiéndola en alimento para tiburones, Stromberg le ordena a Jaws, simplemente, que cualquiera que intervenga en la negociación del con el sistema de seguimiento microfilm

Jaws ataca sorpresivamente a Bond y Anya, en un tren camino a Cerdeña.

Así, Jaws usa sus afiladas dentelladas para acabar con Aziz Fekkesh y Max Kalba, que intentaban vender el microfilm al mejor postor, que en este caso se trataba de una informal subasta entre 007 y su colega soviética, Anya Amasova.

Pero ni siquiera este gigante de dos metros puede vencer a Bond. Todo el temor que le había generado al espectador las muertes de Kalba y Fekkesh, es inmediatamente disipado desde que Jaws se enfrenta con Bond. El gigante es ridiculizado hasta un punto payasesco: una obra en construcción que se derrumba ante él, una piedra descomunal destinada a Bond que termina cayendo sobre su pie, un "cortocircuito" en su boca de metal, la caída de un tren, una pileta llena de tiburones... y Jaws sobrevive, inexplicablemente. Tan inexplicablemente como para tener una fuerza descomunal que llegue hasta el punto de destartalar una camioneta arrancando el metal del chasis como si fuera papel.

Aún quienes son partidarios de los films de Bond serios (léase Connery, Dalton, Craig, o Brosnan de vez en cuando) parece haberse encariñado tanto con el personaje que el productor Albert Broccoli optó por descartar el final original del personaje (caer en una caldera de fundición), para hacerlo reaparecer en Moonraker.

 

 

       
No pasan cinco minutos del inicio del nuevo film y Jaws ya quiere acabar con Bond, arrojándolo al vacío desde un avión (sin paracaídas, claro está). Pero el agente secreto es tan ingenioso que le roba el paracaídas a un adversario con el que había peleado antes, y una vez más tiene otro día para morir. Inutilmente, Jaws se arroja tras James para atacarlo, pero su fuerza se le vuelve en contra: la arandela del paracaídas se rompe, y es el destino -y la mente de los guionistas- el que quiere que el gigantón caiga sobre la carpa de un circo.

Una vez más, Jaws logra sobrevivir a una muerte segura: caerse desde las Cataratas del Iguazú.

Tanta fama se habrá creado Jaws en el mundo del hampa, que cuando Bond destroza a Chang en Venecia, Hugo Drax contrata los servicios del ex empleado de Stromberg.

Esta vez, no solo Bond pone a dientes de lata en humillación, sino también la fuerza de la naturaleza: las majestuosas Cataratas del Iguazú, en la frontera Brasil/Argentina, son las encargadas de arrastrar su bote al vacío mientras 007 planea feliz con el ala delta oculto en su bote Glastron. Y vuelve a sobrevivir.

Parece ser que lo que no entra por la cabeza, entra por el corazón, y el amor es tan fuerte que Jaws encuentra su media naranja en Dolly, una joven selecta por Drax para integrar la "nueva raza maestra". Si a eso le sumamos que Bond indirectamente le da a entender que él, a diferencia de su amada, no formará parte de la raza perfecta, tenemos el motivo perfecto para que Jaws se vuelva un aliado de Bond, aún ante la impaciencia de un impretérrito Drax que grita "Jaws, ¡Obedéceme!" y ordena expulsar a sus enemigos al espacio exterior.

Y Bond convierte a un enemigo en aliado. Como sea, dos duros de matar no pueden estar muy lejos uno del otro.

"A PASO REDOBLADO"

Ningún crerbro criminal, por más refinado que sea, puede dejar de tener un ejército de su lado, y Drax y Stromberg no son la excepción. Tras los combates entre las "fuerzas del bien" y las "fuerzas del mal" que atestiguamos en De Rusia con Amor, Goldfinger, Operación Trueno, y Al Servicio Secreto de Su Majestad, entre otros, La Espía que me Amó y Moonraker son la perfecta excusa para traer otro combate entre ejércitos. En una situación muy similar (escritores más agresivos usarían el término "plagio") a Sólo se vive dos veces, el submarino USS Wayne y su tripulación es secuestrado por Stromberg, quien ya tenía en su poder los submarinos Potemkin (de la Marina Soviética) y HMS Ranger.

       
Pero lo que Stromberg nunca debió secuestrar es a un tripulante de la embarcación americana, un tripulante que es inglés y se llama James Bond. Así es que, tras una serie de maniobras, 007 logra escaparse de sus aprehensores y libera las tripulaciones de los barcos,

La marina estadounidense se une a Bond para acabar con las fuerzas de Stromberg.

dando inicio a un espectacular tiroteo entre los marinos prisioneros (del bando de Bond) y los guardias de Stromberg, uniformados de naranja, en las descomunales instalaciones del Liparus, asentándose así en la historia fílmica de James Bond una de las mejores escenas de acción de toda la serie: la música de Marvin Hamlisch es la adecuada, la fotografía de Claude Renoir, magistral; mientras que el trabajo conjunto entre los directores Lewis Gilbert (1ra. Unidad) y John Glen (2da. Unidad) es una buena combinación pocas veces vista antes.

En el caso de Moonraker, no se puede decir lo mismo. El enfrentamiento entre los astronautas norteamericanos y los astronautas de Drax, flotando en medio del espacio sideral y disparando rayos láser, no está del todo mal, pero nos recuerda constantemente que La Guerra de Las Galaxias fue un éxito rotundo, y que Bond quiso estar "a la moda". Es comprensible que la creación de Ian Fleming en su versión cine deba adaptarse a los tiempos que se viven, pero no debería estar "a la moda" al estilo de una top model. Y aunque la épica música de John Barry que sirve de cortina a este momento es muy efectiva, la escena no llega a entretener de todo al espectador.

Mucho más interesante es, si, el combate entre ambas fuerzas que se desarrolla dentro de la estación espacial de Drax, donde Bond y Holly se enfrentan al ejército enemigo... disfrazados con el uniforme ellos, evitando por poco ser de

Bond y Holly se enfrentan a las tropas de Drax en la estación espacial.

 

 

"UN GRAN PASO PARA LA HUMANIDAD"

Un factor clave que olvidamos mencionar en este artículo, es que tanto Stromberg como Drax logran complir su sueño, gracias a Bond.

Stromberg soñaba con la vida bajo el mar, y fue gracias a los certeros cuatro disparos de Bond y los torpedos de la marina norteamericana que el Atlantis se hunde bajo el mar, así como su dueño el Sr. Stromberg, que yace en su "nuevo y maravilloso mundo bajo el mar".

Drax pretendía instalar "ley y orden en la cuna inmaculada del espacio", donde habitara una raza de especímenes perfectos... y es Bond el que le arroja el dardo envenenado de su pulsera lanzadardos, incitándolo luego a "dar un gran paso para la humanidad", expulsándolo a la infinita negrura del espacio sideral y permitiéndole experimentar de por vida la ley y orden del espacio. "Oh, salió volando", le comentará James a Holly Goodhead.

           
 
El fin de una pesadilla: el hundimiento del Atlantis (izq.) y la destrucción de la estación espacial de Drax (arriba).
           
       

En conclusión, Hugo Drax y Karl Stromberg son dos villanos nacidos de un mismo creador, con gustos distinguidos, obsesiones revolucionadoras y millones de dólares. Bon vivants que pretendieron crear un nuevo mundo e imponerlo a la población terrestre. Pero el as de los espías británicos prefirió dejarselos para ellos solos.

Una cucharada de su propia medicina, se podría decir.

           
 

Nicolás Suszczyk