Dominic Greene, un
alto miembro de Quantum, la organización
criminal, mantiene una conversación con
otros miembros de la misma organización.
¿Lugar elegido? La ópera flotante de
Bregenz, en Austria, donde representan la
clásica obra de Giovanni Puccini, Tosca.
Mientras la gente está absolutamente
concentrada en los acontecimientos de la
obra, Greene discute sus siniestros
planes con la ayuda de discretos
micrófonos y auriculares. "Creo
que deberían haber elegido un lugar
mejor para reunirse", dice una
voz. La voz de James Bond, que viene
siguiendo a Greene desde Haití. Mientras
Greene y su gente huye, al ser
descubiertos, Bond tiene tanta mala
suerte de toparse con los matones de
éste cerca del salón comedor, donde se
desarrolla un fugaz tiroteo. Mientras la
gente (incluyendo al Sr. White, el más
prudente de los miembros de Quantum)
observa el fusilamiento de Mario
Caravadossi y el asesinato del Barón
Scarpia a manos de Floria Tosca,
escaleras abajo Bond corre, salta y
dispara, hasta terminar en una azotea con
uno de los guardaespaldas de Greene (al
menos él cree eso). "Te
pregunté para quién trabajabas",
amenaza al hombre, en la cornisa de la
azotea. El guardaespaldas intenta hacer
un movimiento, pero Bond ejecuta un
rápido movimiento y lo deja caer... ¿Es
la primera vez que vemos eso?
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| La espía que me
amó (arriba), y Quantum
of Solace (abajo). Dos
escenas muy similares. |
Respuesta: No. La
espía que me amó tenía una escena
muy similar, donde Bond perseguía a
Sandor, asesino al mando de Karl
Stromberg. Tras un combate, era también
arrinconado en una cornisa y su única
conexión con la vida era la corbata de
James Bond, la cual debe soltar por un
canto de mano que el agente efectúa.
Este no es el único tributo al décimo
film de James Bond. La caminata por el
desierto boliviano, con Camille y su
vestido negro, y Bond con su saco y
camisa ensangrentados tras abrazar el
cuerpo del moribundo Mathis, nos remite a
cuando 007 y Anya Amasova buscaban alguna
manera de llegar a El Cairo cuando la
empaquetadura del cilindro de su
camioneta falla. De cualquier forma, en
ambos casos las parejas logran llegar del
desierto a la ciudad: Bond y Anya en un
íntimo bote por las tranquilas aguas de
Egipto, y Bond y Camille en un incómodo
colectivo por la ruta al caer la noche.
Tenemos
que recordar que Bond y Camille quedan
varados en un sumidero del desierto
boliviano cuando el avión DC3 que ambos
abordaban es hundido por las tropas del
General Medrano. Ambos deben compartir un
paracaídas, pero cuando Bond se
distancia de Camille, la portadora del
paracaídas, en el aire... ¿Qué hace?
Se moviliza tratando de violar la fuerza
de la gravedad para alcanzar a Camille,
como Roger Moore había hecho en 1979
cuando interpretó a James Bond en Moonraker.
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| Oro versus
petróleo: (arriba) Un
final dorado para Jill Masterson,
que compite con el de la
Agente Fields (abajo). |
No mucho después,
Bond regresa al Gran Andean, el hotel
cinco estrellas donde se hospeda en La
Paz. Corre hacia su habitación despues
de ver un mensaje con la leyende
"¡Corre!", escrito por su
colaboradora Strawberry Fields, a quién
encontrará bañada en petróleo de pies
a cabeza, mientras tolera los sermones de
M, presente allí con sus guardias para
arrestar a Bond, considerado un peligro
por la CIA por meterse con un tipo
"digno" como Greene. El cuerpo
de Fields bañado en petróleo es un
intencional homenaje al cuerpo de Jill
Masterson cubierto en pintura dorada por
orden del villano Goldfinger en la
homónima película. En 1964, la escena
había llevado a la fama a Shirley Eaton,
la actriz que interpretó a Jill.
Apareció en la tapa de la revista Life
del 7 de diciembre de 1964. Con Gemma
Arterton, que encarnó a Fields, no
ocurrió lo mismo. Los jóvenes
que en 1964 abrían sus ojos lo más que
podían ante el asombro de ver un
cadáver dorado en una cama no se compara
a cuando alguien entra a internet y ve la
foto que el fotógrafo Greg Williams
envió al sitio web del Daily Mail. Es
tanta la obviedad del homenaje que hasta
Williams decidió tomar la misma foto con
las manos de un asistente mostrando un
fotograma de la escena más famosa de Goldfinger.
La persecución entre el Aston Martin DB5
y los Rolls Royce del villano en el
tercer film de la serie ya había sido
homenajeada en la persecución aérea,
cuando Bond aprovecha el humo que se
desprende del ala de su DC3 para cegarle
el campo visual a los jets que lo
persiguen y lograr que se estrellen.
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| La mala
educación: Bond bebe cerveza de
la botella en Quantum of
Solace (izq.), pero en De
Rusia con amor (der.) lo
"salvó la campana". |
Un film de la
magnitud y excelencia de De Rusia con
amor no podía dejar de ser
homenajeado en Quantum of Solace.
Eso vemos en la escena en la que Bond se
encuentra con Felix Leiter en un bar,
mientras toman cerveza. Mientras en unos
escasos treinta segundos (el tiempo que
tiene Bond antes que la gente de la CIA
lo persiga) Leiter le explica a 007 el
pacto entre Greene y el ex dictador
Medrano para tomar el gobierno, el agente
se da el "lujo" de tomar la
cerveza... de la botella. Y lo hace.
Mientras en 1963, cuando se estrenó De
Rusia con Amor, el Bond de Sean
Connery era interrumpido cuando en un
campamento gitano estaba a punto de tomar
aguardiente de la botella, el Bond de
Daniel Craig se toma la libertad de
hacerlo. Cómo vuela el tiempo. Es que
ahora estamos en 2008, y el único que
podría criticar a alguien por beber de
la botella (algo abominable en 1963)
sólo podría ser un abuelo o algún tío
que haya pasado las cinco décadas de su
vida.
Cuando un
thriller llega a su fin, debe tener una
escena de acción. Quantum of Solace
tiene dos: en un hotel incendiándose,
Bond combate a Greene, que lo ataca con
un hacha (sí, como Max Zorin en En
la mira de los asesinos), y Camille
a Medrano, el responsable de matar a su
padre y hermanas. Los combates en
cuestión son interpolados como sucedía
con Bond/Gustav Graves y Jinx/Miranda
Frost en Otro día para morir.
Por cierto, Bond había usado dos veces
la frase "unfinished
bussiness" (negocios
inconclusos). Quantum of Solace supone
la tercera.
Los
títulos de crédito también
homenajearon a films previos: algunos
fotogramas recuerdan a Moonraker,
Los diamantes son eternos y
otros a Sólo se vive dos veces.
Y su apariencia animada al film
precedente, Casino Royale.
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| Los títulos
de crédito de Sólo se vive
dos veces (arriba, izq.) y Casino
Royale (arriba, der.) tienen
su punto de comparación con los
de Quantum of Solace (abajo). |
Habiendo
listado los homenajes más importantes
del vigésimosegundo film de James Bond a
sus predecesores, se podría hacer una
reflexión sobre el destino del personaje
de aquí a los próximos diez años. ¿Se
volverá James Bond un agente más serio,
ingenioso, brutal y con menos glamour?
¿O volvemos a los tiempos de Roger Moore
y Pierce Brosnan, con guiños y gadgets
irrisitorios? Lo más probable es la
segunda opción, dada la volatilidad de
la gente. Cuarenta años antes, un film
al estilo de Al Servicio Secreto de
Su Majestad, un film con una
orientación más novelesca y con poca
pirotecnia en la acción, la gente pedía
a gritos un Bond cómico e irónico, con
inventos sorprendentes que le salven la
vida en los últimos minutos del final
(en el cual iba, obviamente, a terminar
acostado con la chica). Así llegó Los
diamantes son eternos y la serie de
Roger Moore, que fue altamente criticada
porque el personaje devenía en una
autoparodia. Después llega Timothy
Dalton, un Bond demasiado serio y poco
glamoroso. Y la gente extrañaba al Bond
de antes. Y se estrena GoldenEye
con Pierce Brosnan en 1995, en cuya era
habría seriedad, pero demasiadas
explosiones, según los "molestos de
siempre". Casino Royale,
con Daniel Craig, reinventó al
personaje, y el argumento de la misma
acabó en Quantum of Solace...
"pero el actor no es tan bueno como
el anterior...", "pero no dijo
'Bond, James Bond' ", "pero no
tiene ningún reloj láser",
"pero no se acuesta con la chica al
final..."
Y siguen
los lugares comunes, y la audiencia que
se queja de todo: del Bond
"gracioso" y del Bond
"serio". Así que es posible
que para Bond 23 tengamos algún
que otro artilugio, y quién sabe si Q y
Moneypenny de vuelta. O docenas de chicas
que Bond atraerá con una mirada. Todo
vuelve. El Bond "serio" y el
"gracioso" forman parte de
ciclos que se van turnando en la
interminable recta de la serie que se
acerca a su medio siglo de existencia.
"¡Qué
galerazo! me vas a decir que va a saltar
con esa moto y va a alcanzar el
avión"- dirán si alguna vez a EON
se le ocurre algo similar a la escena
inicial de GoldenEye. Menos mal
que Barbara Broccoli y Michael G WIlson
son poco democráticos.
Nicolás
Suszczyk.
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