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Por Maria Virginia Sanchez |
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Se puede decir que el mito James Bond nació desde la pantalla del cine, porque en las novelas 007 se puede ver un personaje un poco más, convencional, más terrenal (hasta si se quiere, más humano, más sentimental) que en lo que podemos hoy pensar cuando decimos "el agente 007". En aquellos textos, el autor Ian Fleming inventa un personaje que desliza hasta reflexiones, que si bien siempre hace su trabajo como le corresponde, muestra una parte humana que sin dudas le imprime el escritor. Es bueno aclarar que quienes tienen, o creen tener la voz autorizada para analizar el arte literario, sostienen que Ian Fleming no era un "gran escritor", o que no era visto o considerado como un narrador original o un creador sublime. Ese tipo de opiniones pueden quedar para quienes se dedican a categorizar y poner puntaje al arte. Lo cierto es que Fleming crea el agente 007 inspirándose de alguna manera en su vida, y como suele pasar con muchas cosas, quienes leen o reciben el mensaje terminan imaginando o re creando el personaje (tal vez Bond terminó siendo algo más que lo que Fleming imaginó) Volviendo al carácter "más humano" que se advierte en el Bond escrito, se puedan señalar algunos ejemplos: En la novela "Los diamantes son eternos", Bond se deja llevar por una pintura que refleja un paisaje. Allí, el narrador, dice que "Bond sintió envidia por la habilidad del pintor en haber plasmado aquel paisaje..." Hoy pensamos en un héroe singular: un dandy elegante envuelto en intrigas de acción sin límites, con elementos de conflictos políticos, de intereses internacionales. Un gentleman que elige la mirada irónica, la broma sutil antes que el insulto vulgar, pero que a la hora de actuar opera convencido de que los villanos que enfrenta no tienen escrúpulos, ni límites ni nada bueno proyectado para la humanidad. Algunos enemigos lo definen como un "asesino a sueldo", la misma "M" le pregunta incisivamente: "cuántos Vodka-Martini necesitará para acallar los gritos de las personas que ha matado". El personaje es así, por momentos es un caballero inglés, por otro pone en marcha su "instinto de conservación", y por otros trata a las mujeres con galante cortesía. Además, queda siempre flotando la sensación de que Bond está al borde de enredarse, de seducir, o de ser seducido (o hasta por qué no, enamorarse) por una mujer ajena u opuesta a sus intereses o que trabaja para una potencia enemiga. Esa particularidad, esa oscilación permanente entre "lo que podría ser" y "lo que es" hace que el personaje haya sobrevivido cuarenta años y coseche fanáticos de todos los estilos imaginables. Y aunque a muchos fanáticos ortodoxos no les agrade, el nuevo Bond es el que ha llevado al mito a subir la taquilla hasta un billón de dólares. Alguien, o muchos, tal vez vayan al cine pensando que 007 podrá volver a mirar como Sean Connery a Honey Rider, o tal vez podrá reproducir la sonrisa elegante-algo cínica de Roger Moore, O quizás los nuevos espectadores querrán ver de nuevo la elegancia suprema de Pierce Brosnan. Y tal vez también pueda alguien recordar la sobriedad extrema de Timonthy Dalton, o el singular tono (para nada inglés) para decir "Mi nombre es Bond..." de George Lazemby. Puede ser que muchos vayan al cine pensando en que algo de eso pasará. Porque todo eso ha alimentado film tras film el universo de 007. Se han escrito ríos de tinta sobre "quién es Bond", "cuál es el mejor", "por quién votaría", o hasta "a quién le queda mejor el smoking...." Las películas de James Bond empiezan cuando la guerra fría estaba en su apogeo. Pero tal vez eso fue sólo un detalle, porque lo que atrajo a millones de fans fue la singularidad del personaje. En el marco de un mundo que empezaba a caminar por la cornisa de conflictos internacionales siempre a punto de estallar, los temas políticos siempre fueron apenas un pretexto para que el agente inglés desplegara su arte para la aventura, su arte amatorio, y su mezcla de humor y elegancia para dar cuenta de los villanos más pérfidos y siniestros que pudieron haber existido. En el fondo, Bond era el super héroe que parecía salido de un cuento clásico, si algo fallaba en ese ritual de "ir a ver una de James Bond" los fanáticos hubieran dejado de ir al cine ( de alguna manera pasó eso, cuando después de Roger Moore Timothy Dalton compuso un Bond algo frío) El ritual o ceremonia decía, o dice, que tiene que haber una aventura increíble (que al final va a terminar siendo creíble), una historia cuasi inverosímil, chicas bellas (malas y buenas), paisajes paradisíacos, elementos o adminículos de la tecnología ultra avanzados (relojes con rayo láser, con pantallas de TV) y esos autos increíbles que hacen que los hombres sueñen con sentirse James Bond por un rato, y que las mujeres se deslumbren con un ícono de seducción (alguien dijo que todas esas fantasías estaban en el subconsciente de quienes iban a ver esas películas) Y una especie de filosofía 007 que surge cuando entabla esos diálogos tan particulares con sus enemigos, con sus amantes, o con su entorno (superiores, secretaria, el singular "Q").
Mr. Bond Connery Sean Connery es, para los primeros fans de las películas de 007, "Mr.Bond". Para éllos, es el Bond capaz de todo, el omnipotente de siempre, pero con el toque personal del actor escocés de Edimburgo. Este actor había participado de un concurso de Mister Universo, y fue elegido por los productores para hacer la versión cinematográfica de un personaje hasta ese momento literario. También Connery tiene sus fans nuevos, pero la mayoría son aquellos que vieron por primera vez un film Bond, aquellos que pudieron conocer el universo 007 con Dr. No. En aquella película, todo estaba por descubrirse. Es la primera vez que Bond se desenvuelve en lugares de ensueño (una isla en el Caribe), que enfrenta a una organización siniestra (SPECTRE) que se encuentra con una bella mujer (aquí, con cierto aire a inocencia, a años luz de las nuevas chicas 007) y que da cuenta de un villano con un nombre único. Todo ese cóctel es el que muchos relacionan con el agente inglés, y en Dr. No abre el panorama y hace que Connery sea considerado por muchos como el primer y "mejor" Bond. Ahí también se empieza el tema de los conflictos internacionales, y aparecen los Estados Unidos como promesa de potencia hegemónica. Pero lo que atrae de 007 será, como ya se dijo, el estilo de su accionar, su smoking como símbolo, el mundo como un escenario permanente que lo puede llevar de un lugar a otro en cuestión de segundos. Todo puede pasar, y es Connery quien lleva adelante la historia, con una gracia muy particular, esa que muchos rescatan cuando dicen que era recio, hasta duro, pero tenía lo necesario suficiente para estar en el casino jugando al bacará y desafiar a los villanos en sus mismísimas narices. Y por supuesto, dejarlos pagando o masticando una venganza que nunca llegaría. Definitivamente, Connery no es el Bond que soportará que una mujer lo cuestione, o que puede pensar que una está a punto de doblegarlo (como lo hace Xenia Onatopp en Goldeneye), si no que es el que dice, más displicente y sugestivo que nadie la eterna frase "..Bond, James Bond", con un cigarrillo en la boca. Es aquel que arroja una estufa eléctrica dentro de una bañera para matar, es el que se pone a bailar en el club Kiss Kiss con una espía de Espectre (Fiona Volpe) y la usa como escudo para detener una bala dirigida a él, es el que también, ya entrado en años, baila un tango extraño en una película no oficial con una tímida chica Bond (Kim Bassinger) en Never say never again . Y es el que mira impávido como el esbirro de Goldfinger descabeza una estatua con el ala de acero de su sombrero. Es que tal vez el humor casi siniestro de aquel primer Bond le quede a Connery justo como el smoking blanco que usa en "Los diamantes son eternos". Y será seguramente que Connery haya abierto el camino del cine para el agente secreto más famoso, como cuando se saca el traje de buceo y muestra que debajo del mismo tiene un smoking, dejando en claro que el mito que estaba gestando no era nada corriente, que traía algo fuera de lo común. Desde Australia con amor Luego de el film Sólo se vive dos veces, Connery (luego de Lazenby vuelve para hacer una películas más) decide dejar la serie. Los productores Albert Broccoly y Harry Saltzman se encuetran ante un abismo de incertidumbre: ¿quién sustituiría a Connery 007 ? El elegido para suplantar a Connery es un modelo de origen australiano, George Lazenby, que precisamente, más que un actor se ve como un modelo: tiene un físico esbelto, casi perfecto, es alto (si bien su rostro no es tan agraciado como los demás Bond), espigado, camina muy erguido. Pero tal vez no tenga el aplomo y la gracia necesaria para interpretar a un espía inglés. Se desenvuelve con demasiada autosuficiencia y se olvida del estilo Bond. Por momentos la película "Al servicio secreto de su majestad" se parece a una película que remite a Bond, no a una de Bond. Hay en una parte del film escenas sucesivas que lo muestran a 007 en situaciones románticas que parecen salidas de una película de amor. ¿Cómo es esa película que parece para muchos extraña? Todo resulta muy interesante y atractivo, porque por primera vez Bond cae en las garras del amor, se muestra vulnerable, hasta derrotado cuando ve morir a su esposa. Además, hay situaciones muy pintorescas y entretenidas, como cuando Bond se hospeda en un lugar en las montañas (Suiza) donde hay, supuestamente, sesiones de terapia grupal con personas (todas mujeres bellas) que aparentemente, son manipuladas psicológicamente (Blofeld está detrás de todo eso, y por otro lado trama una guerra bacteriológica). De alguna manera, esas escenas son significativas, porque remiten a toda esas corrientes de "terapias de avanzada" (o inventos de la época) psicológica , y esas escenas suenan a parodia de todas esas creaciones de fines de los años sesenta, o setenta. Lo concreto es que la actuación es Lazenby no es un desastre, hasta termina resultando simpático, querible, si bien uno no puede dejar de asombrarse ante el tono singular de Lazenby para decir "Soy Bond", que tal vez esté lejos de un caballero inglés En fin, puede ser que sea fuerte el impacto para muchos: pasar de la gracia-dureza de Connery a una especie de Bond que parece más cerca de un actor de una serie postmoderna de TV (actualidad) que de un Bond convincente. Mal que le pese a muchos, Lazenby tiene sus fans (ver www.lezenbyland.com) , y Al servicio secreto de su majestad es una película apreciada por muchos Bondadictos como una ráfaga de originalidad.
Sir Roger Moore La dualidad obvia que plantean los "estudiosos" del arte 007 es que Connery es el duro y que Roger Moore es el blando, o directamente, un Bond light o soft. Lo cierto es que Connery protagonizó seis films Bond oficiales, más uno no oficial, y Moore protagonizó siete oficiales, por lo que se advierte que funcion. Algunos enérgicos críticos van más allá, y llegan a decir que el caballero Roger Moore les parece "poco hombre" o cosas por el estilo. Ese tipo de juicios pueden resultar absurdos en una época donde las chicas Bond le disputan el protagonismo al mismísimo agente, y donde hay libertades que se toman los guionistas y los directores para plantear un Bond más acorde a los tiempos que corren. Lo cierto es que el Bond de Moore sobrevivió, o vivió hasta que el actor resultó entrado en años. Roger Moore era conocido por su papel en una serie de TV tradicional: El Santo. Aquel era un héroe romántico, su nombre lo dice todo. “The Saint” era un caballero que buscaba el bien y se enredada con bellas señoritas. Pero no era frío como debería serlo James Bond, el Santo era otra cosa, lo hacía todo con una sonrisa y una mirada amable. Era tal vez el héroe estereotipo de esa época (años 60). Moore llega a protagonizar a Bond en 1973 con Vive y deja morir y le imprime su estilo a la serie. Físicamente era muy agraciado, esbelto, bien podría haber sido el príncipe de una obra de teatro antigua, si bien cuenta el mismo Moore que cuando arregló su contrato convino con los productores que debía bajar de peso. En el trailer de presentación de Vive y deja morir dice "Bond is back" (Bond ha vuelto), dando a entender que habían encontrado continuidad para la serie. Con Moore llegan las miradas irónicas, las sonrisas despreocupadas cuando todo estaba a punto de destruirse, las bromas de humor británico más insólitas o sugestivas (esas bromas que pueden decir muchas cosas a la vez, o no pueden decir nada) como cuando el villano Kamal Khan (Octopussy) le ofrece a comer al espía una cabeza de cordero glaseada mientras se come uno de los ojos: allí Bond le dice "no me gustan las miradas fijas", luego de suspirar profundamente y poner cara seria y compungida. O también las bromas algo escabrosas, como cuando Bond va a cazar con el villano Hugo Drax (Moonraker) y tira a una perdiz. El villano le dice "falló, señor Bond", y él le contesta, "no fallé"; acto seguido, cae fulminado una persona de un árbol que se deduce estaba apuntándole para matarlo. También llegan algunas maneras insólitas de resolver las situaciones al límite que exasperan a más de un fan ortodoxo nostálgico del primer Bond, y tal vez no se den cuenta de que alguna manera, el humor es fundamental en 007, casi es indispensable. Por ejemplo, en Octopussy, Bond escapa por la selva y es abordado por un tigre. ¿Cómo se resuelve esa circunstancia límite? El agente le dice "siéntate", y el tigre le obedece. Algunos se indignaron, otros aplaudieron, otros se rieron. La cuestión es que la era Moore se caracterizó por el humor, la creciente espectacularidad (avanzaba la tecnología y se iban incrementando los adminículos usados por el agente, no olvidemos el auto submarino de La espía que me amó, el reloj con pantalla ya entrados los años 80') de los efectos y la expectativa sobre cómo sería seguiría la serie sin Moore, que ya estaba afianzado como un Bond diferente, basado en el humor, la elegancia y tal vez el desparpajo que mezclaba el dramatismo a veces, y la broma ingeniosa otras veces. Dramatismo como cuando 007 le grita a May Day-En la mira de los asesinos o Panorama para matar que no sacrificara su vida, o cuando se saca el disfraz de payaso (Octopussy) y explica la situación drástica que estaba aconteciendo, y broma ingeniosa como cuando sale hacia una playa con el auto sumergible (La espía que me amó) y le muestra un pescado a un bañista. Se despide Moore de la serie en 1984 y otra vez un gran dilema estigmatiza a los productores: ¿Ahora quién?
Timothy Dalton: ¿Bond como Shakespeare? Aparentemente, se rumoreaba ante la salida de Moore de la serie que Pierce Brosnan, protagonizando en aquel momento Remington Steele (exitosa serie de TV) sería el sucesor, el nuevo Bond. Pero los productores de la serie de TV habrían dicho "No", pues el hecho de tener a un posible Bond en la serie le daba a la misma más importancia, más status. Entonces, se deciden por Timothy Dalton, optan por un actor que había protagonizado películas no muy difundidas. A Dalton se le caracteriza como intérprete de Shakespeare (tiene esas raíces porque elabora un Bond sin carisma, aplomado en exceso, sin gracia. Es muy apuesto, pero no logra imponer un estilo que resulte rescatable, que diga "este Bond es particular y propio". El que es particular es Dalton, y muchos terminan diciendo que no parece James Bond, que resulta extraño verlo vestido con el smoking de Bond. Las películas que protagoniza Dalton (Su nombre es peligro o Alta tensión y Licencia para matar) son vistas por los fans como por obligación, y los productores se dan cuenta de que algo no anda bien. El primer film de Dalton arranca bien, se nota el esfuerzo por seguir la línea 007 de acción infernal, tiene una historia convincente. En el segundo film, es como que se pierde el rumbo, y ya se advierte el principio del fin, además porque la película es un fracaso en taquilla. Se nota que es una época de impasse para James Bond, se advierte que hay una transición inevitable que nace desde el alejamiento de Moore. No se puede recrear la magia de la atracción del personaje, Dalton no logra meterse en el corazón de los espectadores. Si Connery lo hizo a fuerza de personal rudeza agraciada, y Moore lo hizo a fuerza de humor elegante y desenfado, Dalton ni siquiera puede provocar la simpatía que pudo llegar a provocar Lazemby. Además, hay otros ingredientes para la situación: alguien sugiere o plantea que era conveniente hacer un Bond más casto, que no tuviera affairs con tantas mujeres, por el tema de que la lucha contra el SIDA estaba en su punto álgido, recién se conocía la cruel enfermedad y se trataba de concientizar al máximo en todos los órdenes de la vida social. Lo insólito es lo siguiente: Cuando le preguntan a Mr. Sean Connery quién es para él el mejor Bond, él dice que es Timothy Dalton. Quedémos con ese juicio de Connery, que tendrá sus razones, y pensemos que quizás no era el momento adecuado para nadie, que era un vacío entre el alejamiento de Moore, y la imposibilidad de que Brosnan dejara su serie de TV. Lo positivo es que la experiencia Dalton no afectó la serie para nada, y que Bond siguió vivo de alguna manera, al margen del parate de 6 años que se provocó luego de Dalton que terminó dando sus frutos.
Pierce Brosnan: La nueva era Bond Pierce Brosnan, actor irlandés, ya tenía el pulgar levantado de los productores cuando estaba en la exitosa serie de TV Remington Steele. Como se dijo, no pudo dejar antes la serie atrapado por el contrato. Antes de Bond, Brosnan había protagonizado películas de importancia relativa, como El cuatro protocolo, con Michael Caine, donde hacía de un oscuro espía, para nada relacionado con el glamour y el sex appeal o la distinción de 007. Brosnan era un actor que había estudiado teatro desde joven y tenía un origen humilde. El mismo se describe en algunas entrevistas como un bohemio distante de las historias increíbles y mundanas del espía del MI6, se define como alguien amante del arte (pinta) e interesado en muchas cosas que van más allá de 007. Brosnan suele decir que no sabía que sería de su vida si alguien no le hubiera propuesto participar de una serie de TV, justo cuando viajaba en subte y llevaba el pelo largo, muy alejado de la elegancia sublime que luce hoy como el Bond más exitoso de la toda la historia. Todo ese mundo, todas las circunstancias que vivió son tal vez la que lo constituyen como un gran actor que elabora un Bond muy personal que sabe llegar a las nuevas generaciones y convence a los más exigentes Este actor que lleva la serie a la salvación, le da otro sentido, le da otro tono y otra significación, justo un momento antes de que Albert Broccoli deba partir (el productor fallece en 1996).
¿Cómo es el Bond de la nueva era? Muchos se arriesgan a hacer definiciones muy particulares sobre las cualidades de Brosnan. Algunos dicen que "es el al que mejor le queda el smoking". Otros dicen "tiene la elegancia de Connery más la gracia de Roger Moore". Todas estas proclamas se deben a que es el Bond más taquillero, y le quieren encontrar un por qué a ese éxito. En una revista de moda el año pasado se publica una serie de fotos tituladas "El Bond de un billón de dólares", lo que sería una suma superior a toda la serie entera. Pero el hecho de que sea el más exitoso en cuestión monetaria no refleja en sí mismo las virtudes de Brosnan, porque sabemos que hay productos comerciales de pésima calidad que venden y venden . Las cualidades de Pierce Brosnan estarían en que es quien sabe componer un nuevo Bond que empieza a finales del siglo XX, en 1995, y sigue ya en el siglo XXI con algunas licencias que bien podrían hacer que Ian Fleming se asombrara de su creación. Ya Goldeneye intenta mostrar que la guerra fría es cosa del pasado, y Bond tiene que enfrentar nuevos desafíos, no sólo en sus historias dentro del film, sino en las mentes de los directores y guionistas. "M", ahora es una mujer, y es su jefa quien se encarga de decirle "es usted un dinosaurio machista y misógino, una reliquia de la guerra fría..." Bond la mira con profunda pero impávidamente, como dispuesto a aguantarse cualquier cosa. Así es, el Bond postmoderno es elegante a más no poder, muy atractivo y a veces se torna cruel y frío (como cuando mata al Dr. Kauffman en El mañana nunca muere), pero también permite que las mujeres se pongan a su altura, que lo interroguen sobre su particular modo de ver la vida (Elektra King lo hace en El mundo no basta cuando le dice "cómo haces para sobrevivir."), y que le discutan sobre sus conductas que antes eran incuestionables (Natalia Siminova le dice en Goldeneye, "eso es lo que te mantiene solo.."). Ese tipo de hechos son los que hacen que Bond sea el mismo héroe de siempre, capaz de todo con un estilo incomparable, pero ahora muestra su costado humano como nunca, y eso lo vuelve aún mas creíble, y más querible seguramente. Brosnan surge ahora como el Bond casi irreemplazable, el que impuso las formas 007 de la nueva era: la tecnología actual está cuarenta años más adelantada que cuando Connery apareció por primera vez, pero el mito Bond se alimentó de tantas maneras y situaciones que lo convierten en único. La historia se fue modificando, a veces con menos éxito, a veces con más éxito, y fueron los espectadores los que encontraron en Brosnan el Bond que refleje más los deseos y las fantasías de la gente. Así es, Bond siempre tiene un as guardado bajo la manga, a pesar de que no le gusta hacer trampa en el casino, por una cuestión de seguramente ganará la partida de una manera que nade tiene prevista...
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